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viernes, 1 de mayo de 2015

Juegos de niñas...

Juegos de niñas...

De los muchos recuerdos de mi infancia, “trauma” que aún no he superado, ni pienso hacerlo, recuerdo las tardes que jugaba con la hija de unos amigos de mi madre. Tendríamos seis o siete años. Ella se llamaba Nuria, era mona, muy mona... Mi progenitora estaba empeñada en que me “socializara” y moderara mis modales, algo abruptos, en contacto con niñas... Menos mal que la OJE, en aquella época sin féminas, me convertiría, tiempo después, en el ejemplo viril que soy ahora... (oigo vuestras risas...) y allá que iba yo a pasar tardes enteras con aquella señorita que era muy mona ¿ya lo he dicho verdad...?

Aquellas tardes, sin embargo, eran insufribles. Empezaba todo con una disposición metódica, casi británica, de muñecas alrededor de un juego de café en miniatura y unas sillitas (muy “sesenteras” por cierto ) que IKEA aún ahora no ha imitado... Aquello era ciertamente aburrido, hasta los peluches bostezaban... ¡¡ Encima no había nada de nada ni en tazas ni en platos !! ¡¡ Sólo aire y las pastitas eran de plástico !! Los muñecos parecía que se cachondeaban de servidor , allí sentado comiendo y bebiendo puto aire... 

Luego venía la tortura, perdón, el juego de la cocinita... Ese me gustaba, tenía cacharritos de todo tipo (microondas aún no se había inventado) y , al menos, podías abrir armaritos y ver qué se escondía en ellos, lo malo es que el fregadero tenía agua y había que limpiar con un estropajito los platos de la merienda en la que no habíamos comido ni bebido nada...

En aquellos momentos entraba la madre de la susodicha niña con la merienda de verdad, señora que, por cierto, no me podía ver ni en pintura, pero que me soportaba por aquello de las amistades familiares... Eso sí que lo recuerdo... Lo de la merienda... la de verdad, la fetén... Era una casa de “posibles” (supongo que la palabra viene por contraposición a lo de “imposibles” de los pobres como servidor y familia) Nocilla con galletas María, Donuts, chocolate Elgorriaga, Cola-Cao... Un verdadero buffet libre infantil !!

En el sopor de la digestión, aquella niña rubia y muy mona, repito, aprovechaba para sacar su Nancy y el ajuar de la muñeca que, quizás, por cambio de temporada, nunca lo averigüé ni osé preguntar, había que ponerle y quitarle. Reconozco que lo de quitarle la ropa a la muñeca era emocionante... Por culpa de tal experiencia tardé años en enterarme de la anatomía femenina real... Ahora bien, lo de vestirla y volverla a desvestir y así una y otra vez, me ha hecho siempre respetar mucho a las dependientas de Zara y odiar el ir de compras con una mujer...

Tras comprobar que la muñeca no había engordado y la ropa le pasaba, venía el acompañarla al supermercado... Juro que nunca más he visto a una señora con pamela, zapatos blancos de charol , medias caladas, vestido floreado y bufanda en la cola del Mercadona (en bata y zapatillas sí las he visto...) pero aquel establecimiento de víveres infantil, se ve que era pionero en exigir cierta etiqueta a sus clientas... Me encantaban las miniaturas de los productos... Pronto descubrí que dentro de los diferentes botes tampoco había nada... Tras la aerofagia de la merienda, ahora te vendían aire... ¡¡ La caja registradora, menos mal, tenía dinero !! Pero era falso... No valía la pena ni atracarlo...

Si había tiempo, la nena sacaba unos cromitos de colores. “estampitas” las llamaba, y me enseñaba a jugar a darles con la palma de la mano, las que quedaban boca arriba eran para el que consiguiera tan prodigiosa hazaña... Los “cromos” de las niñas, no eran como los de los niños, que al menos se pegaban en un álbum y se podían cambiar y lucir delante de tus compañeros. Los de las niñas eran dibujitos repipis, juraría que algunos diseños eran decimonónicos, que se vendía por docenas y a peseta !! Ya me dirá alguien qué mérito, qué valor, qué riesgo, tenía el ganar aquellos cromitos... 

Un día, como soy cabezón, se me ocurrió llevar a mis “Madelmanes” a la casa de la nena en una caja de zapatos, para intentar jugar a algo divertido... Yo imaginaba mil y una aventuras, barricadas, trincheras, cumbres que escalar, mares en los que sumergirse... A Nuria le parecieron fascinantes... Preguntó si no había “madelmanas”, mi cara estupefacta fue la respuesta... La muy perversa intentó desnudarlos !! A mis Madelmanes !!! Bregados soldados y aventureros en gallumbos y camiseta “imperio” !! Una herejía !! Tras explicarle que no eran para hacer de modelos andróginos de pasarela, sino que eran para “jugar” verbo que, al parecer, no conjugaba su cerebro infantil de igual forma que el mío, los dispuso a todos sentaditos alrededor de una mesa a tomar el café !!! El honor de mis combatientes mancillado !!! Aquello ya fue el final de nuestra relación...

Quedó certificado que los juegos de las niñas eran un puro aburrimiento... No volví nunca más !! Además, habían abandonado un coche en mi barrio y , tras merendar, bajaba sólo a la calle (cosa impensable hoy por hoy) me metía en el vehículo e imaginaba que conducía por largas carreteras buscando un destino que jamás llegó y aún espero...

Al final los peluches de la niña acabaron adictos a la cafeína, las muñecas calvas de tanto peinarlas, Nancy en un frenopático por su conducta y vestires estrambóticos, la cocinita se convirtió en un Mc Donalds, el supermercado de juguete cerró y ahora es un chino, de la niña nunca más supe... Pero... mis Madelmanes permanecen inasequibles al desaliento con las armas al hombro y preparadas, en el cielo las estrellas y presintiendo un nuevo amanecer en sus entrañas de plástico...

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