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sábado, 21 de enero de 2012

Historias de la librería: Una carta de amor tardía...

Durante el tiempo que fui librero de viejo,  con librería física, los clientes me contaron una serie de historias, casi nunca referidas a libros pero con los libros como mediadores, que me llamaron la atención... Hace años que pienso en compartirlas... Ahora empiezo... A ver si os gustan... Todas son auténticas...

Una carta de amor tardía...

  
Aquella tarde no entraba nadie en la librería, y es que a principios de otoño, pocas son las ganas de los transeúntes de encerrarse entre paredes y papel viejo, prefiriendo el agradable paseo por las calles de la ciudad.

Eran las cinco cuando entró en la tienda, una anciana elegantemente vestida y con rasgos de haber sido muy guapa de joven. Me ofrecía una librería con cientos de libros vetustos, pues marchaba a un asilo y no podía llevárselos consigo... Quedamos que iría a visitarla para valorar, discutir y como no, regatear el precio... Al poco rato, y como ninguno de los dos tenia nada mejor que hacer,  entramos en animada conversación, el aburrimiento siempre me hace locuaz y comunicativo,  y hablando de nimiedades, le pregunté por las dos alianzas que lucía en su mano,  ella  me respondió entonces que había tenido en su vida dos amores, su marido, del que era viuda, y su primer amor, del que me contó la historia.

Corría el año 1938, Palma, como muchas ciudades de España, sufría la guerra, pero eso no impedía a la gente joven salir a distraerse,  así fue como ella, paseando por una de las céntricas calles de la ciudad, lo vió. Era un joven de apariencia extranjera que andaba en dirección contraria, le llamó tanto la atención, que se quedó mirándole fijamente, el  chico se percató de ello y fijó también la vista en ella,  después de unos segundos se aproximaron el uno al otro. Tras unos momentos de duda se hablaron, intentando disculparse ambos  de su atrevimiento, eso sí cada uno en un idioma distinto porque el joven resultó ser  alemán, aún así entre algo de francés y un poco de inglés, se dijeron unas primeras palabras, el le dijo que perdonará el haberla abordado pero que al cruzar su mirada no había podido superar la tentación de aproximarse a hablarle… A  ella le había pasado lo mismo… La había encontrado bellísima y creía que se había enamorado de ella, ella azorada pero atrevida además, muy atrevida para la época le dijo dónde vivía. Al día siguiente el la fue a buscar.

Pasaron tres días, tres días en los que se vieron a todas las horas que les permitían a dos jóvenes las buenas costumbres de la época. Al tercer día, el la besó en la mejilla y le comunicó que se volvía para Alemania, ella, se entristeció mucho, pero ambos quedaron en escribirse y así fue.






Paulina, que así se llamaba nuestra protagonista, con ayuda de un diccionario, traducía penosamente, las cartas que Karl, que así se llamaba él,  le enviaba casi semanalmente. El padre de la chica, enterado de la devoción que sentía por su “novio” epistolar y viendo los esfuerzos de la pobre por poderse comunicar con él, decidió como empresario y hombre práctico que era, que sería mejor ponerle una profesora de alemán, que a la vez que le ayudara a entender y escribir las cartas de Karl, le enseñaría el idioma y tal cosa le podía ser útil en la coyuntura de la época. La persona que fue su profesora, no podía haber sido más idónea pues era una chica de su misma edad, nadie mejor para entender las tribulaciones de su alumna. Las cartas se cruzaban ahora con más rapidez, y así pasaron los meses, en los que dos jóvenes se contaban sus proyectos y sus ilusiones.


Un día de 1939,  al comienzo de la segunda guerra mundial,  Paulina recibió una carta con una letra diferente a la de Karl, el corazón le dio un vuelco,  en cuanto llegó su profesora y confidente, se la dio a leer, esta le confirman sus temores, las noticias eran funestas, la carta estaba escrita por los padres de Karl, le comunicaban que este había sido movilizado y que cuando se dirigía hacia su cuartel con su moto, había tenido un accidente y había muerto.

Paulina sufrió una impresión  tan fuerte con la noticia,  que se entregó al más absoluto silencio, pasaron meses en los que no reaccionaba, se pasaba horas en un sillón, con la mirada perdida, nada parecía importarle. Su familia muy preocupada, estuvo a su lado a todas horas, para evitar que hiciese alguna tontería. Al fin pasado el tiempo, siempre es el mejor bálsamo para penas de amor, se fue recuperando… Un joven amigo de la familia se encargó de cuidarla y animarla para que saliera del bache, yendo a visitarla al principio semanalmente y después diariamente, hasta que su sonrisa y su alegría volvieron…

Terminó la guerra, el chico la pretendió, le propuso matrimonio  y más tarde se casaron. Tuvo hijos y vivió considerablemente feliz, aunque siempre guardó el recuerdo de su primer amor, un chico alemán muerto prematuramente…


En 1968, treinta años más tarde, estaban Paulina y su marido con unos amigos,  y todos recordaban sus primeros amores, Paulina contó la historia de su primer novio,  y esta impresionó mucho a sus amigos, pues treinta años después ella aún se entristecía por el recuerdo… El marido, hombre campechano, para nada celoso y tranquilo,  les dijo que Paulina todavía guardaba las cartas, y como resultaba que el marido de la otra pareja hablaba alemán perfectamente, Paulina se las enseñó. Sacó un fajo de cartas, envueltas en papel de seda y con un lazo anudado de forma amorosa, como todas las cartas de amor de las señoras de edad, ahora ya no se envían cartas de amor, ahora se envían horteras “SMS”… El amigo de la familia leyó la última carta. La de la fatídica noticia… A medida que la leía, la cara le iba cambiando, balbuciendo, farfullaba algo… Los demás le preguntaron si le pasaba algo…

El muy serio le dijo:

-         Paulina, ¿nunca le enseñaste esta carta a alguien?
-  No,  dijo ella, ¿ para qué si nadie sabía alemán y yo no quería recordarlas…?
-         Perdona pero… Respondió el amigo ciertamente agitado…

Continuará…














4 comentarios:

Sonja dijo...

Jo qué suspense

Anónimo dijo...

Nos dejas en lo mejor.

Sonja dijo...

Pues sí que tarda, habrá ido a escribir el libro.

Tonief dijo...

Vamos E... no nos dejes así, que ya estoy divagando un final bueno para la amiga...

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