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martes, 5 de julio de 2011

Ha fallecido Antonio Pizà, un gran periodista

De Pizà recuerdo que en el año 1986 vino a recoger la medalla del 50 aniversario de la Falange. Como era un caballero vino, recogió, agradeció el recuerdo y no dijo nada... Bueno unas pocas palabras que demostraban sus dotes oratorias, pero nada significativo...

De hecho hacía años que Pizà no era falangista, sentía respeto por la figura de José Antonio, pero ya no era falangista...

¿Y a qué se debió el cambio?

Contaban, quizás sea apócrifa la anécdota, que asistió a un acto nacional de la falange (la del Movimiento) en la penísula y, entre los gritos enardecidos de los asistentes, tuvo que escuchar varias veces el tristemente famoso adagio ¡España Una y regida SIEMPRE por Castilla!... Eso, unido al desprecio del franquismo hacia las lenguas vernáculas, le hizo decidirse, rompió el carnet, a saber si real o figuradamente, y nunca más volvió a tener relación con el "Movimiento Nacional"...

En mi familia hemos seguido sus artículos por un par de decenios, nos gustaba su humor cínico casi negro, su prosa acerada y "ácida",como se la llama ahora,... Mi abuela, mi madre y después por "herencia lectora familiar" yo mismo, hemos sido seguidores de sus artículos.

Una lástima su desaparición física...

Opinión

Matías Vallés: Pizá pierde su batalla contra los horteras







MATÍAS VALLÉS Antonio Pizá apreciaría la ironía de que su corazón se detuviera en vísperas del debate entre Antich y Bauzá. Su olfato finísimo se hubiera solazado con el apocamiento presidencial y el castellanísimo aspirante del PP. Sus dardos hubieran asaeteado sin complejos al dúo – "he sido malo a conciencia en mis artículos"–. A falta de sus folios mecanografiados, el enfrentamiento al que no pudo sobrevivir hubiera revalidado su mapa de los contornos. "Mallorca es una abstracción en la que un provincianismo de viva Cartagena se reviste, gracias a su permeabilidad, de un cosmopolitismo hortera". Incluso para un redomado combatiente contra la chabacanería, la situación de su isla universal se hizo irreversible. Así que se ha marchado como su rey Lear, a encontrar un mejor dónde.
Un adolescente de los años setenta que leyera las enjundiosas crónicas del cocodrilo Pizá en Baleares, el eterno diario del Movimiento, no podía dejar de preguntarse "¿cómo se atreve?" Bajo aquella atmósfera rancia y aquella cabecera uncida al yugo, el periodista disfrazaba la dinamita de costumbrismo, se erigía en quintacolumnista, encendía su propia pira. El joven fascinado por su vitriólica capacidad de síntesis quedaba envenenado para siempre como periodista o, más importante, como lector de periódicos.
Twitter es una imitación decorosa del ingenio furioso de Pizá. Es imposible exagerar el papel que jugó en la sociedad mallorquina, incluso el ascenso fulgurante de este periódico se logró disputándole la supremacía personal, cuajada en el famoso pleito que lo enfrentó a Antonio Alemany. Los ajustadores de cuentas profesionales sospecharán que tardamos demasiado en mencionar a Franco. Equivale a reducir a Montanelli a su peripecia mussoliniana, y el propio periodista corregía raudo que "fui poco franquista y muy joseantoniano".
Antonio Pizá veía más hondo que nadie, y extraía la verdad al ácido. Su "evolución no oportunista" a la democracia reforzó su nacionalismo, porque sentía amenazados los mimbres esbeltos que sostenían su isla. Por eso lamentaba que "de los que vienen aquí a pacer, me molesta que se muestren despectivos con nuestro carácter. No por forasteros, sino por cretinos". Fue el primero en auscultar las miserias cleptómanas de UM, en denunciar una corrupción del PP que le molestaba más por hortera que por delictiva. Siempre animó a combatirla, frente a la dejadez de los tontos útiles de la izquierda local.
Se emborrachaba de música clásica en sus interminables paseos solitarios por el dique del Oeste. Conocía a sus clásicos, pero no necesitaba exteriorizar su cultura ni abrumar a sus lectores con ella. Hasta su malhumor era más humor que mal. Atrapaba las ideas al vuelo, siempre le reclamé el rango de alumno sin ánimo de ofenderle.
No cabe confundir a Pizá con los cronistas villalonguianos que han descubierto su Mallorca falsificada bajo los pliegues de la mesa camilla, con el evidente riesgo de sufrir una hernia. Su carrera se cimentó en miles de kilómetros al pescante de la moto de un fotógrafo, entrevistando a las mayores celebridades del planeta. Pocos periodistas en todo el mundo pueden presumir de haber atrapado a tantos mitos en el apogeo de su gloria. Por supuesto, no necesitaba a un famoso para plasmar sus inigualables diálogos. Su entrevista a la madre del Nobel Cela, felizmente rescatada en un libro sobre el escritor, es una delicia digna de Jardiel Poncela.
Obligado por la enfermedad a reaprender el idioma entero, desarrolló en este periódico una mordacidad más discursiva pero no menos eficaz, mezcla de Wodehouse y de Auberon Waugh. Se ingresaba disciplinadamente en el hospital cuando su condición lo exigía, reaparecía vibrante y protector de su única realidad en la convalecencia.
Siempre juvenil, admiraba con generosidad a los nuevos talentos. Agudiza sus neuronas cuando descubre por ejemplo a las veinteañeras Pilar Garcés y Marisa Goñi, y se ve obligado a combatir dialécticamente con ellas. Vivía en un discreto apartamento de Portopí, zafándose de sus recuerdos y sin ninguna necesidad de escribir un libro "porque hay demasiados". Por fortuna, nunca fue condecorado por el cobarde Govern progresista que se esfuerza por encontrar un hueco donde pincharle una condecoración semanal a Pedro Serra. Tampoco figura en el exclusivo canon del periodismo confeccionado por alumnos de Montesión, que desprecia el humor como una excrecencia a exterminar.
La ausencia de Pizá de estas listas contaminadas permite afirmar que ha muerto un grande del periodismo, porque dispuso del arma más peligrosa y envidiada de la profesión. Lectores, miles de ellos, ganados a pulso. El periodismo mallorquín se ha hecho un poco más triste y la isla sigue hortera, Antonio, con perspectivas de empeoramiento. No importa, nunca nos tomamos la victoria demasiado en serio.


Obituario

Fallece a los 76 años Antonio Pizá, la voz ácida del periodismo mallorquín

Articulista de ´DIARIO de MALLORCA´ desde 1983, murió debido a una enfermedad pulmonar - Ganó dos veces el Premio Ciudad de Palma por sus trabajos de reporterismo y las series de entrevistas a personajes famosos, y dirigió el periódico ´Baleares´







Antonio Pizá, en la imagen que presidió sus columnas.
Antonio Pizá, en la imagen que presidió sus columnas. DIARIO DE MALLORCA
MULTIMEDIA
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PILAR GARCÉS. PALMA Le han perdido la historia del periodismo de Mallorca y también el difícil oficio de la ironía. Antonio Pizá Ramón falleció en la madrugada del domingo a los 76 años de edad, a causa de una enfermedad pulmonar que le alejó hace unos meses de su cita con los lectores de DIARIO de MALLORCA. Deja un legado de cientos de páginas de reportajes, entrevistas con personajes célebres y artículos de opinión a través de los cuales analizó comportamientos y hechos contemporáneos, bien pertrechado con una prosa limpia e inteligente y un sentido del humor a prueba de bombas. Su familia comunicará en breve la fecha y hora de sus exequias.
Nacido en Inca en 1934, pero felanitxer de vocación, Antonio Pizá es un maestro, un nombre indispensable en el devenir reciente de la prensa mallorquina, a la que dedicó cinco décadas de trabajo en el oscuro tiempo de la dictadura franquista y más adelante en la emocionante transición. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada en 1958, se tituló tres años después en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid y en 1962 entró en la plantilla del diario Baleares, el periódico del Movimiento. Allí se formó desde la base, como redactor, jefe de sección y redactor jefe, firmando sus memorables Pequeños Reportajes, y entrevistas con personalidades de la talla de Georges Simenon, Rubinstein, John Wayne, Miguel Ángel Asturias, Leslie Caron, Natalie Wood, Johnny Halliday o Monica Vitti, visitantes de altura que abrían encantados sus casas de veraneo a las preguntas incisivas y el estilo luminoso y moderno de Pizá. Recibió el Premio Ciudad de Palma de Periodismo en 1963 y 1966.
En 1975 se trasladó a Valladolid para ejercer de director del diario Libertad, pero sólo ocupó este cargo unos meses. Volvió a Mallorca para ponerse al frente del Baleares hasta 1981. En sus propias palabras, "como director me tocó un yogurt caducado, un periódico metido en un declive imparable, y la muerte de Franco. Hice lo que pude, pero al ser destituido me sentí encantadísimo".

´La movida´ de Pizá
En 1983, Antonio Pizá empezó su fecunda colaboración con DIARIO de MALLORCA, antaño la competencia, en forma de artículos de opinión en los que trataba asuntos de política, costumbres y actualidad con la gracia muy documentada que siempre fue su marca. La sección del hombre listo, cultísimo, ingenioso y cálido que fue se llamaba La movida, si bien compañeros y lectores la conocían por el seudónimo que usó en tiempos anteriores, el Cocodrilo, para decir algunas cosas que era mejor no decir. "Estar en un periódico del Movimiento me daba mayores márgenes, pero yo abusé de ellos y les originé auténticos conflictos a mis superiores. Lo que escribía me privó durante años de ascender a director, y un día llegó un Gobernador que dijo "se acabó". Fue el fin de mi sección", relató en una entrevista.
En lugar de foto del autor, aparecía como cabecera de La movida un dibujito del reptil aporreando una máquina de escribir. Ese fue su instrumento favorito, siempre se negó a emplear el ordenador e hizo de tripas corazón con el fax. Le gustaban el ruido de las teclas y el bullicio de la redacción, y se enorgullecía especialmente de las exclusivas que consiguió en su biografía profesional. "Me dio muchas primicias", recordaba en el 25 aniversario del fallecimiento de Joan Miró, el genio a quien entrevistó y sedujo, y que siempre le tuvo abiertas las puertas de su casa de Son Abrines.

Vida intensa
Una vez desarbolada la Prensa del Movimiento y transferidos sus trabajadores a distintos ámbitos de la Administración Pública, Antonio Pizá pasó a desempeñar funciones de abogado en la sección de Patrimonio de la conselleria de Cultura del Govern balear. No obstante esta labor alimenticia, su pasión siempre fue el periodismo, que desempeñó con alegría y entusiasmo mientras su salud se lo permitió. "He vivido intensamente, aunque no dé esa sensación. De un lado, esta profesión no te da para el muermo, pero he sido además un pequeño coleccionista de experiencias", describió haciendo balance.
Nunca abandonó la soltería, adoraba la música clásica y fue un lector voraz y un feliz paseante de la ciudad de Palma, sobre todo de su frente marítimo. Su conexión con los lectores del Diario era innegable, las metáforas ´pop´ trufaban sus escritos, mezcladas con datos bien contrastados y argumentos profundos y trabados. "Tengo cartas de Cela felicitándome por artículos, y me abordan taxistas, estanqueros y gente mayor. Nunca he estado en condición de elegir a mis lectores", dijo, plenamente consciente de que el único patrimonio del periodista que realmente importa son sus seguidores fieles. A viva voz, Antonio Pizá era tan ocurrente o más que negro sobre blanco.
No le inmutaban los insultos de quienes no le perdonaron su pasado, y se negaba a reconocer pecados políticos. "A tiro hecho me he dado cuenta de que era un idealista que rozaba la ingenuidad. Fui seducido por las ideas de José Antonio, que no fueron posibles con Franco ni después, y hoy estoy enrolado en la democracia. No por oportunismo, sino por evolución. De ahí que algunos de mis antiguos camaradas me sigan enviando anónimos ofensivos". Lo que sí le importaban eran "las críticas certeras y las refutaciones de mis puntos de vista".
En su último artículo, fechado el día de Reyes del año pasado, Antonio Pizà dudaba seriamente del "esperpento" de los planes que anunciaba el presidente Rodríguez Zapatero para sacar a Europa de la crisis. ¿Nosotros tirando de Europa?, ponía en solfa el columnista en ZP capitanea los Tercios de Flandes. Pocos temas no le interesaban, siempre prestaba atención exquisita a quien necesitaba de su memoria enciclopédica. Siempre estaba dispuesto a retomar sus afanes periodísticos, en cuanto los médicos se lo permitieran. Por seguir en "el tajo", como decía sonriente. Y coleccionando experiencias.

Opinión

Andreu Manresa: Adiós ´cocodrilo´







ANDREU MANRESA. PERIODISTA, DELEGADO DE ´EL PAÍS´ EN BALEARS Era un costumbrista y fue un líder de opinión antes de que el reinado de los nuevos medios multiplicara la especie. Antonio Pizá posiblemente fue el periodista más popular, leído y polémico –amado y denostado- en la Mallorca desde los años 60-70. Brillante, ejerció el poder por su eco desde las páginas del diario del franquismo, Baleares, el más vendido entonces porque era el órgano oficial del Movimiento. Dirigió en la transición ese rotativo oficial que nació en 1939 gracias a un regalo de Juan March, que entregó su diario El Día a Falange. Así surgió lo que es el actual Balears.
Pizá destacó por su pluma y su pasión por anticipar noticias en un periodismo en la edad de plomo. Licenciado en Derecho y diplomado en la Escuela Oficial de Periodismo, evolucionó personalmente desde el falangismo militante y convencido hasta su personal apertura democrática en la transición. En 1977 me confesó que su primer voto fue progresista.
En un entorno provincial, gris de régimen e industrial de las linotipias y la tipografía clásica -que abarcó desde la edad media con Gutemberg hasta los años 70 del siglo XX-, Pizá fue innovador y disonante. Era el hombre pegado a una sonrisa irónica y a un cigarrillo perenne, y al teclado de la máquina de martillo que nunca dejó ni en las décadas que fue colaborador clásico del DdM, cabecera a la que se había enfrentado décadas atrás. Escribía velozmente y apenas tomaba notas en las entrevistas para no distraer al personaje. Tenía buena memoria, muchas fuentes, una red de antenas y cómplices en los hoteles.
Optó por usar un apodo que era una declaración de principios ´Cocodrilo´. El cocodrilo de Pizá no era un seudónimo para enmascarar al autor y zaherir desde el anonimato con puyas y anécdotas con sustancia, era casi una declaración de intenciones. Aquella firma fue su marca, nació en su sección de apuntes, denuncias populistas, reflexiones y doctrina, tras haberse ganado aprecio general por su capacidad como reportero y entrevistador de celebridades de la época: grandes vips y autoridades de veraneo.

Sagaz, con piel blindada, generó debates urbanos y polémicas periodísticas y políticas que alguna vez le llevaron a los juzgados. Un día fatal se equivocó, con rancio patriotismo despechado, insultó a Pablo Neruda. Aún hay quien le reprocha aquel exceso, ventajista, en la dictadura de Franco con opiniones obligatorias y censura previa.
Amante del arte, entrevistó varias veces a Joan Miró y coleccionó iconos rusos. Con cincuenta años pasó de ser director de diario a funcionario abogado de Cultura –forzado- y no quería jubilarse. Solitario, escribía poco y pugnaba contra sus pulmones atascados y otras viejas heridas. No quiso hacer sus memorias. Camilo José Cela un día alabó su prosa ágil y punzante y Emilio Romero, ave rapaz del periodismo transformista, también lo protegió.
Antonio Pizá Ramón era de Felanitx aunque nació circunstancialmente en Inca. Su padre era un coronel africanista con casa ante el mar en Portocolom donde el periodista exhibía coqueto su moreno, jugaba a cartas y tomaba un polo de menta. Era un solitario y un dialéctico implacable, a veces paseaba por Palma con una cámara de video.
Nb) El ´Cocodrilo´, un poco antes de la democracia, me dio trabajo en su redacción. Me habían despedido del anterior Diario de Mallorca y me contrató a los 30 minutos. No le gustaba que le recordase que entonces me salvó. Era así, un tímido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ho va contar ell mateix a la seva columna d'acomiadament de la Falange "oficial".

A més del despreci cap a la nostra llengua que va notar allà encara més que aquí, la frase detonant que el va fer aixecar-se i partir per a sempre d'aquells pagos "pseudofalangistes", va esser la que va amollar l'orador amb veu de tro:

- ¡España Una y regida SIEMPRE por Castilla!

Aixó ho va escriure ell literalment. Una frase de prepotent, ranci, de mal gust, errada totalment, impertinent i definitòria, entre altres coses que val més oblidar.

Sé que el despreci cap a la nostra llengua i aquesta frase, varen desencantar a altres mallorquins que no eren allà, però ho llegiren aquí. Ho sé bé .

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