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viernes, 1 de abril de 2011

En defensa del boxeo

Artículos que me han gustado sobre este tema del Boxeo y he ido recogiendo por la red:

EN DEFENSA DEL BOXEO

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Se que es inevitable la polémica, se que no gusta a los políticamente correctos, se que es motivo de mil y una infamias, pero yo, amigos, adoro el boxeo y siempre que pueda lo defenderé contra ignorantes y bien pensantes despistados.


El mundillo de las dieciséis cuerdas.


Desde que alcanza mi memoria he oído hablar de las gestas del boxeo, de los combates míticos y de los grandes púgiles que hacían las delicias de los aficionados, más tarde pude ver por televisión los primeros combates que se retransmitían después de largos años de sequía.


No dejó de fascinarme el espectáculo, era todo un ritual nuevo para mí, casi una escenificación operística y de paso el deporte más cinematográfico que conozco:


La salida de los contendientes con la música de fondo, la subida al ring, el locutor presentando las carreras y los “nombres de guerra” de los púgiles, los himnos que sonaban y, por fin, el inicio de la lucha. No conocía emoción parecida hasta entonces, quedé cautivado de por vida.

Se que para el lego en la materia todo esto puede sonar absurdo e incomprensible, pero quien ha experimentado las mismas sensaciones lo sabe, es una sensación intuitiva, no racional y difícilmente explicable.


No deja de sorprenderme la buena prensa que tienen las artes marciales en general, no dudamos de su valor educativo, de su belleza estética ni de la filosofía que las sustenta, pues bien, contaré un secreto a voces para el que no lo sepa:

El boxeo, o más concretamente el pugilato, es el arte marcial de occidente. Los griegos lo practicaban como ofrenda a sus dioses olímpicos, era tan místico como pueda serlo el Kung-fu o el Tai-chi.

De acuerdo, es cierto que todo eso se ha desvirtuado desde la época clásica, pero donde hubo algo siempre quedan restos. Sirva como ejemplo una frase que siempre repetía mi padre extraída de cuando practicó el boxeo amateur en su juventud, mi padre siempre me decía: “Mente fría, corazón caliente” (aplíquese a cualquier aspecto de la existencia porque se trata de filosofía Zen en estado puro).


El boxeo es una lección de vida, no me extenderé aquí en hablar de la matemática de sus movimientos, la belleza del rito o el ajedrez dinámico que se desarrolla sobre la lona.


Simplemente os digo lo que a mi modo de ver enseña este deporte:

Hay que ser el más rápido y fuerte golpeando, pero, que nadie se olvide, también hay que ser el más rápido y ágil en esquivar los golpes del contrario...

¿Hay una lección más precisa?



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BOXEO-Golpe a golpe, chicos venezolanos dejan la calle

Por Mario Naranjo


CARACAS (Reuters/EP) - Erick Villanueva nació hace 9 años y a primera vista, salvo por ser un poco más bajito, no se diferencia de otros niños de su edad.

Pero las cosas son distintas cuando se sube a un ring de boxeo y pide su "máscara" que es como él llama a su protector de cabeza y se alista para combatir con un muchacho de su misma edad en un escenario montado en el centro de la ciudad de Caracas.

Sobre la lona, sus ojos enormes se entrecierran y pasa a ser un cazador en búsqueda de una presa. Erick no tiene miedo y cierra los espacios a su rival, que pese a ser más grande a ratos corre para alejarse de sus puños.

Hace tres meses Erick no era así. Su día se dividía entre estudiar, ver la televisión, jugar y obedecer a su mamá.

"Siempre fue un buen chico", dice Lisett Marcani, su madre, mientras acaricia la cabeza de su hijo que es entrevistado por una radio local tras ganar su primera pelea oficial.

La vida de Erick cambió en diciembre, cuando el temporal que azotó a Venezuela y dejó millonarias pérdidas y unos 140.000 damnificados, daño su casa, ubicada en el populoso barrio de La Vega en Caracas, por lo que fue evacuado a un refugio en el estadio Brígido Iriarte.

Allí descubrió un gimnasio de boxeo y se enamoró. Supo que existe un programa llamado "Boxeo Olímpico de la calle" y no dudó en pedir a su madre que le deje ser boxeador.

"Es un buen programa, pero tiene sus cosas malas", dice Marcani antes de ponerse a enumerar que lo han hecho más obediente y estudioso, "aunque siempre fue un buen niño (...) mejoró mucho, mucho".

Cuando se le pregunta lo negativo del plan, no vacila en responder "es que me lo pegan, eso es lo malo (...) no quisiera que le pase nada malo" y lo abraza para preguntar con fuerza "¿qué puedo hacer?, es lo que le gusta".

El plan "Boxeo Olímpico de la calle" es una iniciativa de varias instituciones del Gobierno venezolano con la que quieren alejar a niños y jóvenes de la calle, las drogas y las pandillas, en un intento de lucha contra la inseguridad, uno de los mayores males que acosan al país caribeño.

En Venezuela la sociedad enfrenta alarmantes niveles de violencia y, según encuestas, la inseguridad es el mayor problema de los 29 millones de venezolanos.

El programa busca promover valores como la disciplina y respeto entre los niños y jóvenes, además de demostrarles que es posible un futuro mejor en un país que cuenta en su historia con varios campeones mundiales de boxeo.

Erick no quiere parar nunca, piensa seguir hasta ser profesional o "campeón mundial del mundo".

CARACAS, LA SEMILLA

El proyecto "Boxeo Olímpico de la calle" se enfoca en Caracas, donde funcionan unos 25 puntos de entrenamiento en calles, barrios, gimnasios y escuelas, además está presente en los estados Vargas y Miranda.

Entre los auspiciantes del proyecto está la Oficina Nacional Antidrogas (ONA), que desde hace cinco años comenzó con el plan "Dale K.O a las drogas", al que se fueron sumando fundaciones, asociaciones y núcleos de deportistas.

"El apoyo al boxeo de la calle está dentro del plan nacional antidrogas", explica Galvani Duarte, uno de los directores de la ONA. "Por eso lo hacemos en la calle, para que los chicos vean y se motiven y se sumen a esta iniciativa.

Venezuela, con una pobreza que afecta alrededor del 26 por ciento de la población, es el país de Latinoamérica con mayor índice de conflictividad

Entrar al programa no es complicado, solo se necesita voluntad y compromiso. "Ganas de ser alguien, de hacer algo en la vida", como asegura Pedro Márquez, entrenador desde hace seis años.

Márquez cuenta que fue boxeador amateur y no pudo pasar al profesionalismo por cosas de la vida, pero su mayor orgullo es haber rescatado de la calle a tres chicos que ahora "trabajan, estudian, son buenos hijos y grandes boxeadores".

"Yo les doy a ellos lo que nunca tuve (...) les busco un futuro, que crean en ellos. Soy entrenador, amigo y papá", dice Márquez.

Márquez entrena en una sala comunitaria en el oeste pobre de Caracas, en el sector de Propatria, cerca de una explanada donde algunas personas remueven basura para encontrar algo de valor.

En su grupo destaca José Luis Rodríguez, de 23 años y con cuatro como boxeador de calle. Márquez no puede ocultar que es uno de sus preferidos, él mismo regaló al joven una camiseta oficial de boxeador olímpico callejero.

"El boxeo me ha enseñado autocontrol (...) Ahora estudio y he aprendido a ayudarme a mi mismo. Espiritualmente uno se siente más sano, se ve más saludable", comenta Rodríguez.

"Quisiera tener peleas por el título, ser campeón", remata el joven boxeador y Márquez le ordena volver a sus ejercicios y remata "¿sabe para qué sirve esto? para que las cosas malas salgan, que la gente crea en ellos y que piense tener un futuro".

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Boxeo


¿Algo que decir a favor o en contra del boxeo?

Copio y pego:


"Muchas teorías en contra del boxeo se han vertido durante años, por gente que ha sugerido su abolición por las “secuelas malignas” que dejan los golpes recibidos –sobre todo a la cabeza- durante el accionar de puños.

Los detractores del pugilismo, no siempre cargados de sinceridad y real preocupación por la suerte de sus congéneres, enfatizan sus criterios tomando como premisa los daños colaterales que deja en el organismo humano el boxeo rústico y cruel de antaño por su práctica insegura, sin las reglas y útiles de protección que se requieren, siendo más dramático el asunto en el profesionalismo.

Daños cerebrales, afecciones visuales, discapacidad motriz y problemas como el Mal de Parkinson, la enfermedad que el ex campeón mundial pesado Muhammad Ali ha “popularizado” por haber afectado a una figura notable como él, son endilgados al boxeo como si fuera el deporte de mayor peligro que se practicara en el planeta.
Estudios científicos han demostrado que, del todo, no es así. Cuando el pugilismo se practica con las normas requeridas, como en el amateurismo, los riesgos son menores, contrario a lo que ocurre en el negocio-deporte, donde se han producido situaciones lamentables más que todo por la falta de escrúpulos de quienes han manejado las concertaciones.

No queremos criticar otros deportes, pero los hay mucho más peligrosos para el ser humano que el boxeo y no reciben ni las críticas ni mucho menos la repulsa de un sector de la sociedad –a veces hipócrita y de doble moral- que poco contribuye a mejorar la calidad de vida de su prójimo.

El pugilismo se ha criticado y maltratado, la mayor de las veces, no con fines meramente humanísticos, en la sana intención de prohibir una actividad que pudiera considerarse lesiva por aquellos que –con altruismo y filantropía reales- creen que los seres humanos deben tener una convivencia pacífica, sin lesionarse entre sí (posición que debe respetarse, aunque no se compartan las ideas).

Pero hay mayor peligrosidad en otras competencias que en el arte de boxear. Y no se toman las críticas para solicitar que sean abolidas, ni siquiera para que sean mejoradas en procura de evitar accidentes lamentables.

Y ahora, como si fuera poco, hay una serie de pruebas y actividades incluidas en un círculo denominado “deporte extremo”, donde se ven muchas lesiones y peligrosidades. Al parecer, es esa peligrosidad, esa pasión por el reto, lo que hace atractivos esos “deportes” y que cada vez el ser humano sea más temerario y amante del suspenso.

Es algo similar a la tentación del placer que se consigue con lo prohibido, por aquello que mueve el morbo de la gente. Pueden los detractores del boxeo decir que hay morbo en aquellos que siguen con entusiasmo las reyertas de dos rivales que dirimen sus asuntos a los puños.

Por fortuna para los amantes del arte de fistiana, una actividad noble, el boxeo se desarrolla en un ambiente de caballerosidad y decoro. Si bien no hay mucho chance para la piedad –después de todo son dos seres golpeándose- el boxeo presenta la deportividad del abrazo tras la pelea, como señal de que, una vez dirimido el pleito, ganador y perdedor vuelven a su estado normal de un estadio social limpio, tranquilo, sano y solidario.

Muchas veces el boxeo es criticado, simplemente, por molestar a quienes se convierten en sus grandes héroes, sus figuras, generalmente individuos de los estratos más humildes. Porque, para los detractores convencionales -no los pacifistas que ven las cosas desde otro punto de vista-, los hijos de la miseria no tienen derecho a escalar económicamente ni socialmente por sus orígenes plebeyos.

Generalmente, aquellos que critican con seriedad el boxeo, lo hacen de corazón en el entendido de que hacen un bien a la comunidad. Ellos rechazan que –en el caso del boxeo profesional- los seres humanos sean tan “salvajes” que paguen sumas de dinero para presenciar en vivo o por televisión –pay per vieu- para ver a otros dos entrarse a puños.

Pero esos mismos pacifistas, que entienden que deben ser salvaguardas de la vida, nunca han solicitado prohibir el uso de los automóviles para evitar los miles de accidentes que se producen en las carreteras en todo el mundo, a diario. Ni piden que cesen los viajes en aviones y barcos, porque cada vez que se produce un accidente de aviación o marítimo cientos de seres vivos pierden la vida.

Con relación a aquellos que malsanamente critican al boxeo porque sus exponentes vienen de las clases no pudientes, no se les ve hacer nada para contribuir a eliminar la brecha de injusticia social latente en el mundo capitalista.

Y ciertamente, algo hay que hacer para cerrar la brecha, para ir eliminando los cinturones de pobreza que mantienen al tercer mundo atado de manos y pies. El deporte, como fenómeno social impregnado en el mundo globalizado, moderno, debe ser también auxiliado para mejorar sus condiciones de ejecución y desarrollo."


Tuboxeo.com

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2 comentarios:

Sonja dijo...

Bueno yo el boxeo no lo entenderé ni en mil años pero ¿ y qué opinas del boxeo femenino? porque haberlo haylo, la Halmich arrea unas buenas yoyas

Capitán Haddock dijo...

Pues llámamem machista, que estoy acostumbrado, pero no me gusta ver a dos féminas pegándose de hostias... (en tanga y en el barro ya es otra cosa...) Y eso que son buenas púgiles, la mayoría con unas fintas y agilidad increibles, en Mallorca destaca una, Cristina creo que se llama, y a nivel nacional tenemos una campeona europea. Si tuviera un hija me gustaría que hiciera boxeo, pero no que combatiera.

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