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domingo, 6 de marzo de 2011

Memorias, algo jocosas, de un buceador de los sesenta

Buceo en los 60 Tengo ya suficiente edad para ejercer de abuelito nostálgico. Lo que sigue es una descripción de cómo buceábamos en los 60. No se trata de "fardar" de Cousteau, pero creo que puede interesar a las nuevas generaciones. Al contrario que ahora, los "ranas" éramos unos bichos raros. Y no solo porque calzáramos aletas. Para poder bucear en los 60s había que ingeniárselas para hacerse con el equipo a unos precios razonables.

1 El equipo básico: Casi todos los buceadores de la época nos iniciamos haciendo pesca submarina. Más tarde nos picaba el gusanillo con la única idea de aguantar un poco más debajo del agua y nos íbamos haciendo con el equipo. Las botellas las comprábamos en el Rastro procedentes de extintores de CO2. J.A. Argenta, el entonces Presidente del CIAS, te desenroscaba el grifo del extintor en el taller del Centro, con una mordaza de cadena y una llave grifa. Un tornero, a partir del cuerpo de bronce del grifo de CO2, te hacía la pieza para adaptar la rosca de la botella a la de los grifos para bucear. Después llevabas tu botella, previamente pintada de Titanlux en amarillo, a una fábrica de gases donde un ingeniero, pienso que algo aficionado a estos inventos, la precintaba pasándole una prueba hidráulica a 1,5 veces la presión de servicio. (Presión de servicio 150 atmósferas) y te colocaba el recién comprado y flamante grifo de Nemrod con reserva, usando como estopa un nuevo y sorprendente material: la cinta de teflón. Las fotos ilustran la botella, la pieza de bronce de adaptación de las roscas y el grifo de Nemrod con la palanquita de reserva. No sé porqué se abandonó este invento. Me sigue pareciendo un sistema muy práctico para los videosubs, como yo, que se despistan a menudo y cuando se quieren dar cuenta se encuentran a 10 bares. No es que "abriese" un segundo compartimento de la botella como algunos creen: un muelle estrangulaba el paso de aire cuando la presión de la botella bajaba a 30 o 40 bares. Entonces, te costaba mucho más respirar. Tirabas en ese momento de la palanquita y notabas que el aire fluía de nuevo. Algunos de los buzos modernos no han experimentado nunca lo que es "quedarse sin aire". En nuestros tiempos eso pasaba todos los días. Es más, en el curso del CIAS era práctica obligada que el monitor te cerrara el grifo inesperadamente para que aprendieras a controlar la situación. La botella se completaba con un arnés. Aquí también había mucha inventiva. Nos lo fabricábamos a partir de restos de los paracaídas que vendían en los puestos de desecho de material de la base americana de Torrejón. Los reguladores... había de todo. Yo me compré el Snark negro que se ve en las fotos porque resultaba ser el más barato del mercado. Un día, en el desguace de material americano, me encontré tirado el Hidro-Lung que también muestro en las fotos. Le faltaba la pieza que lo empalma con el latigullo, así que tuve que pensar cómo funcionaba y diseñarla para mandarla a hacer a un tornero. Usaba la primara etapa del Snark y la segunda del Aqualung. No es que fuera mucho mejor, pero sacaba el aire por debajo y no veías tus burbujas por la izquierda. Además, era mucho más aparente. Como ya mencionó alguien en el blog, la publicidad del Snark decía que era tan suave que podía usarse para dormir. Falso. El aire salía sólo después de que aspiraras suficientemente fuerte para que la membrana bajara y presionara una varilla que abría el aire. Durante unas décimas de segundo no salía ni gota. Luego se abría de golpe y respirabas normalmente. La succión para abrirlo era tan fuerte que a mitad de la buceada no era raro encontrarte apretando el botón de purga del regulador, para que el aire fluyese justo antes de iniciar la aspiración. Siempre me pregunto cómo mi madre me dejaba bucear con esos trastos. Pero en los 60s, exitía aún en España una mentalidad de In Cha Alá. Si el Señor lo quiere viviré. Si no lo quiere... Inescrutables son los designios del Señor. Si te caías por el registro de una alcantarilla y te desnucabas a nadie se le ocurría pensar que hubiera podido haber alguna responsabilidad por parte del Ayuntamiento. ¡Qué mala suerte tuvo mengano! Había una tapa de alcantarilla abierta, iba despistado y zas! Se cayó por ella.

2 El equipo complementario Hay poco que decir de los trajes. Eran de neopreno importado, lisos por dentro y por fuera. Para meterte en ellos usábamos todo tipo de trucos. Polvos talco, medias de nylon... Para quitarlos necesitábamos la ayuda de un compañero que te despellejaba como a un conejo. Lo peor es que al tirar fuerte de las mangas podías quedarte con un trozo en la mano. Entonces procedías a untar las dos partes con pegamento, made in USA, dejar secar bien, unir los dos trozos... y listo. Las aletas las había de dos tipos: abiertas o cerradas. La ventaja de las abiertas es que te servían a ti y a tu hermana. Yo, como tenía cinco hermanos, las prefería cerradas. El uso del chaleco se limitaba a los profesionales. A los novatos no nos recomendaban usarlo por miedo a los globazos. Que conste que en esto creo que tenían razón. Íbamos perfectamente lastrados. Y hacerlo bien llevaba su tiempo. Al principio de la inmersión teníamos tendencia a irnos un poco para abajo. A medida que consumíamos el aire, flotábamos ligeramente. Aprendíamos a respirar compensando el peso con los pulmones. Al principio de la inmersión exhalábamos y volvíamos a llenar inmediatamente los pulmones para compensar el exceso de lastre. Al final, cuando nos faltaba peso, hacíamos la operación contraria. Manteníamos los pulmones vacíos excepto justo el momento de tomar aire. Soy aficionado al videosub. Aún hago muchas tomas por ese procedimiento. Con la cabeza hacia abajo picas hacia el objetivo con los pulmones vacíos. Cuando estás a la distancia apropiada llenas los pulmones y te frenas suavemente. Te mantienes en la posición que quieres, o te alejas de nuevo en vertical cabeza abajo sin mover ni un dedo. Los plomos los hacíamos fundiendo cañerías. Entonces el plomo y el mercurio no era tóxicos como ahora. En las casas antiguas y derruidas te encontrabas muchas cañerías de este material. Usábamos un molde consistente en una sartén pequeña y unas tizas sujetas por un peso. Fundíamos el plomo en la cocina, de nuevo insisto, hace 40 años no era nada tóxico, y lo vertíamos sobre el molde. Quedaban brillantes y preciosos. No quiero responsabilidades: Ruego se abstengan de hacer la prueba. A decir verdad, en las tiendas de pesca y deportes ya vendían plomos de Nemrod. Pero las cañerías usadas eran mucho más baratas. En teoría teníamos unas tablas plastificadas para determinar la curva de seguridad y los tiempos de descompresión. Pero nunca vi a nadie usarlas. No llevábamos manómetro ni la ahora imprescindible doble segunda etapa. Era demasiado cara. En realidad no hacia falta tanto control. Con una botella de 12 litros, a 150 bares, sabíamos que hasta 40 metros se acababa el aire antes de entrar en descompresión. Cuando te costaba respirar... abrías la reserva, si no se te había abierto antes accidentalmente. No subías enseguida. Era solo un primer aviso. Te ibas a una zona poco profunda y cuando respirar volvía a hacerse pesado, salías del agua con la botella a cero. Lo de los 150 bares también era otra ilusión. En el centro deportivo de la fábrica de Ensidesa, donde yo la cargaba, tenían una batería de botellas industriales. Te echaban primero de la más vacía, luego de la siguiente hasta llegar a la más cargada. Al 130 0 140 atmósferas como mucho. También llevábamos un profundímetro. El de la foto es un lujo. He tenido también un artilugio que consistía simplemente en un delgado tubo de vidrio abierto por un extremo. El agua entraba por el tubo de acuerdo conla presión. A 10 metros llegaba hasta la mitad del tubo. Los había circulares. Pero el mío era una especie de tableta rectangular que se ataba a la muñeca con dos gomas. Coleccionistas. ¿Podéis poner una foto de uno de esos en esta sección?

3 Los cursos Entonces, en España, no había SSI, Padi, ni cosas de esas. Tampoco es que se necesitara el título para bucear. La mayoría lo hacíamos por nuestra cuenta y riesgo. La Guardia Civil se conformaba si le enseñabas la licencia federativa. Una especie de seguro deportivo anual que costaba 10 o 20 pesetas. Pero si querías hacer las cosas bien, te pasabas por el CRIS en Barcelona o por el CÍAS, que estaba en el museo de Ciencias de Madrid, junto a la escuela de Industriales. Allí conocías a gente muy rara que compartían contigo la extraña pasión por bucear. Pero en los cursos no se buceaba enseguida. Nada de eso. Primero te llevaban a la piscina cubierta del Moscardó y te hacían hacer 100 metros en no sé cuantos segundos. Te enseñaban a nadar con estilo. A ser eficiente en cada brazada. Hace unos años, en el mar Rojo conocí a una chica que buceaba perfectamente pero que no sabía nadar. Nos enteramos el último día, cuando andábamos reduciendo nitrógeno bañándonos junto al barco y saltando desde la cubierta. Armenta no le habría dejado hacerlo. Después de pasar esa prueba previa, nos daban a probar el tubo y las gafas. Teníamos que aprender a vaciarlas en el fondo... Te tiraban las gafas, el tubo y las aletas a la piscina. Había que echarse al agua, buscar las gafas, vaciarlas, buscar las aletas, ponérselas y salir con suficiente aire en los pulmones para soplar vigorosamente el tubo y vaciarlo. Yo había hecho pesca submarina previamente, pero así y todo me costó hacer la prueba. Todavía hoy, a los 60, cuando hacemos un crucero, suelo ser el primero y a menudo el único del grupo de buzos titulados que sube arena del punto de fondeo del barco a unos 15 metros. A la tercera semana, quizás más tarde, te traían las botellas y empezabas a bucear. Pienso que la razón principal es que en aquella época el aire comprimido resultaba caro. Un borboteo de más te costaba una bronca de Armenta que se comportaba como un sargento de caballería con sus alumnos. De nuevo se buscaba la Perfección y el Dominio de la Técnica. Los reguladores eran del tipo bitráquea y las botellas se ponían y quitaban volteándolas por encima de la cabeza. Los arneses incluían una tira que te pasaba entre las piernas y se abrochaba en el mismo cierre que el cinturón. Aprendíamos a compartir aire, a equiparnos en el fondo etc. Salíamos de esos cursos como si fuéramos bomberos. A mi se me acabó la pasta antes de conseguir hacer las pruebas de mar, que requerían un viaje de un fin de semana en Altea, por lo que durante 10 o 20 años buceé sin título.

4 La fotografía y el cine Me regalaron una vez una Siluro. Una máquina de fotos de Nemrod de formato 7x6. Era una preciosidad. Iba lastrada con plomo para que se quedara neutra en el agua salada... Hice pocas fotos. Primero porque el formato de 7x6 resultaba prohibitivo. Las únicas que salían decentes eran las que se hacía con flash. Pero el flash funcionaba por descarga de un condensador sobre un bombilla que se fundía a cada disparo. De nuevo, cada fogonazo te salía a una pasta. Años más tarde unos amigos alquilaron en Menorca una máquina de cine de 8mm. Las tomas parecen más fotos que cine, porque una película de 5 minutos costaba más de un jornal. Así que gastar más de 4 segundos en una toma era un despilfarro. La peli muestra las cuevas de Es Cap den Font. Por lo menos hay dos tomas del manómetro par demostrar que estábamos a 18 metros! Íbamos a ver las películas de Jacques Ives Cousteau. Durante muchos años mi ídolo. Pienso que ha sido una de las personas con una vida más satisfactoria del siglo 20. Alucinábamos viendo unos exóticos mares que pensábamos que nunca llegaríamos a conocer. Corales de colores, peces fantasmagóricos, tortugas, tiburones... Animales de otro planeta inaccesibles para nosotros. Si podéis bajaros completa El mundo del silencio (Le mond du silence) de Cousteau no dudéis en hacerlo. Merece la pena comprobar cómo hacían, hacíamos, todo lo que hoy en día está absolutamente prohibido hacer. No solo veíamos las de Cousteau. El cine empezaba a popularizar las tomas submarinas. L`aventure est l´aventure es una de ellas. Las primeras de James Bond acostumbraban a tener alguna toma bajo el agua. Hoy, después de gastar miles de metros de cinta de vídeo debajo del agua, he aprendido a admirar la técnica de iluminación de esas películas de los 70s.

Arias Sans "Abuelo videosub"

En primer lugar, las fotos que ilustran esta historia, están aqui. No pude incrustarlas como hacía antes. Será la edad. http://s1044.photobucket.com/albums/b441/arias1san/

Entrada original en:
http://www.forobuceo.com/phpBB3/viewtopic.php?f=41&t=81969
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