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jueves, 28 de enero de 2010

Haití: Un artículo descorazonador

Es absolutamente sorprendente lo que está sucediendo con Haití. ¡Pobre Haití!, grita todo el mundo mientras los medios dedican horas y horas de programación y páginas y páginas al desastre. Y digo que estoy sorprendido porque unas horas antes del terremoto que ha asolado el ¿país? (ya verán el porqué de los signos de interrogación) Haití ya era un Estado fallido.

Haití era un territorio mísero, deshecho, famélico antes de que la Tierra temblase bajo él. ¿A qué nivel?, es imposible de explicar, de abarcar; pienso que tan sólo puede hacerse a través de una comparación. Muchas de Uds. y muchos de Uds. habrán estado de vacaciones en su país vecino, la República Dominicana, y si han salido del resort en el que disfrutaban del todo-incluido, si se han movido un poco por el país y han hablado un poco con sus gentes habrán visto un Estado repleto de carencias, pues bien, el Índice de Desarrollo Humano, el IDH, de la República Dominicana ocupa en lugar 90 de la clasificación por países, el de Haití, antes del terremoto, ocupaba el 154, de hecho, Haití era el estado (entendiendo por tal un territorio independiente con Gobierno propio y reconocimiento internacional) más pobre del planeta, insisto: antes del terremoto. (¿España?, ocupa el puesto 15).

Quédense tan sólo con una cosa: Cité Soleil: una zona de unos 5 Km2 tocando a Port-au-Prince, en la que vivían entre doscientas y trescientas mil personas y donde, por no haber, no había ni letrinas: las necesidades fisiológicas debían hacerse en agujeros practicados en el suelo; antes del terremoto, exactamente.

Haití ha sido un territorio machacado por españoles en el siglo XVII, por franceses en el XVIII, por dictadores locales en el XIX, e invadido por USA en 1915 donde entronizó a dos dictadores de manual: los Duvalier, padre e hijo, que se mantuvieron en el poder -nunca mejor dicho- sostenidos por una sanguinaria guardia pretoriana (literalmente), los Tonton Macoute, entre 1957 y 1986, período en el que cada día Haití y su población se sumían un poco más en la miseria, y todo ello auspiciado y bendecido por USA y con el resto del mundo mirando hacia otro lado: era la época de ‘las dictaduras amigas’. A partir de aquí una democracia formal cuajada de corrupción, con la ayuda internacional como decorado, y cayendo cada día más y más en el abismo de la pobreza irrecuperable. Antes del terremoto, si; antes del terremoto.

Durante todos esos años, durante las dictaduras de los Duvalier, durante los años de las masacres de los Tonton Macoute: se habla de 150.000 asesinados y desaparecidos, durante los episodios pseudo democráticos posteriores, y a pesar de denuncias ocasionales, y de documentos gráficos extraídos de lo-que-se-llamaba-país, nada. Ni campañas internacionales, ni peticiones de auxilio, ni aspavientos, ni peroratas: nada. Haití era algo de lo que hablar cuando se quería nombrar la pobreza extrema, pero algo que ya estaba bien donde estaba, porque lo cierto es que Haití no era necesario. Y si, si: eso sucedía antes del terremoto.

Lo único que ha hecho el temblor es agravar la mísera miseria que todo lo llenaba, ha barrido lo poquísimo que podían haber, ha abocado al Estado más a la desaparición, pero, en realidad, poco han cambiado las cosas: el terremoto ha eliminado a menos gente y ha empobrecido menos a esa gente que la dictada de los Duvalier, lo que sucede es que lo ha hecho más rápido.

Ahora, durante unos meses, tendremos Haití hasta en la sopa. Habrá solicitudes de ayuda, peticiones de donaciones, en definitiva limosnas; luego ocurrirá otro Haití en otro sitio, otro desastre llamará a la puerta, y Haití pasará a ocupar una sola columna en las páginas interiores de los medios escritos (de los no escritos desaparecerá completamente). Pero habrá cumplido su función: durante unas semanas habrá hecho de Mr. Proper de las conciencias, hasta que esa función pase a ser desempeñada por otra zona, por otro país, superinfradesarrollado, naturalmente.

‘¡Que horror!. ¡Que malos somos!’, dice el del fondo. Si, bueno, no sé. La especie de esos mismos seres horrorosos es, por ejemplo, la que organiza y realiza el concierto de Año Nuevo que cada día uno de Enero tiene lugar en Viena. Vuelvo a lo mismo: Haití no es necesario, para nada, para nada de nada. Ese es el tema, el único tema.

Santiago Niño Becerra

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estas "aclaraciones" me pone los pelos de punta.

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