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domingo, 29 de noviembre de 2009

El libro de papel ha muerto, ¡viva el libro de papel!


Un magnífico artículo de Paco Puche en Rebelión

Los libreros siempre hemos sido una especie en peligro de extinción: antes, porque por difundir ideas heterodoxas te las podías ver con la Santa Inquisición y te podía ir en ello la vida; ahora porque las tiendas virtuales dicen que somos prescindibles.

P. Puche, 2000.

La historia es contingente. Esto quiere decir que el futuro no está predeterminado, que no es único, que puede haber varios porvenires (“hay otros mundos, pero están en éste”, como dice el poeta Paul Éluard; u “otro mundo es posible” como preconizan los críticos del pensamiento único). Nadie lo ha expresado mejor que W. Faulkner al recoger su premio Nóbel de literatura. Dejó dicho para la posteridad que "la voz del poeta no tiene por qué ser simplemente el registro del hombre (tal como es), puede ser uno de los apoyos, los pilares que le ayuden a resistir y a prevalecer”.

El contexto en el que hablaba en 1949 era el de la creciente amenaza nuclear, pero es aplicable a muchos otros. Por eso las “profecías autocumplidoras” consisten en tratar de moldear el futuro que interesa a alguien, o que es congruente con un sistema económico, por ejemplo. Los que utilizan este método juegan con el pretendido determinismo tecnológico y con una gran capacidad de hacerse propaganda. A fuerza de “convencer” de que no hay vuelta atrás, de que va a ocurrir lo que dicen, terminan venciendo las mentes resistentes y, en un proceso de retroalimentación positiva, consiguen que lo que fuera una mera hipótesis termine validándose. Pero las profecías no sólo son anticipaciones del porvenir, sino denuncias del futuro que se avecina si siguen las cosas tal como van. Se denominan por ello “profecías autocontradictorias”, porque si las denuncias prosperan y cambian el curso de los acontecimientos la anticipación profética queda invalidada, pues ha propiciado que no ocurra la catástrofe: no ocurre porque se ha denunciado con éxito lo mucho nefasto que puede ocurrir, y se ha contribuido a cambiar el sistema. Este necesario preámbulo se puede aplicar a la profecía del fin del libro de papel (y de camino de las librerías), en un futuro próximo, a causa de la digitalización de todo el proceso, edición y distribución. Es conocido que hubo un intento de implantar los e-books a principios de siglo que ha resultado fallido. En la actualidad asistimos al segundo intento en el que muchos (editores y libreros) creen ver venir las cosas en serio y todo el mundo se estremece intentando adaptarse a los nuevos y revolucionarios tiempos. Y va en serio, porque dos gigantes multinacionales están posicionándose para acaparar el mercado. Hay razones para creer que el soporte digital contiene algunas virtudes que lo hacen muy potente. Por ejemplo, los costes pueden bajar, de momento, significativamente y por tanto también los precios de los libros (que empiezan a perder su nombre y se llaman “contenidos”). Y si se eliminan algunos intermediarios (distribuidores y libreros) este coste puede resultar más bajo aún. Esto tiene un efecto a su favor muy significativo. Se puede invocar, también, la rapidez fotónica con que un libro puede ser enviado a la casa de un futuro comprador respecto a la parsimonia de ir a comprarlo, o la semana que tarda si hay que pedirlo. Se recordará, en una discusión sobre soportes, que ecológicamente se preservarán bosques, no se despilfarrará casi nada y los costes ecológicos de los transportes se reducen casi a cero. Alguien más sofisticado argumentará que la hipertextualidad implícita en el texto digital, conectado a la red, rompe la “dictadura” de la lectura lineal del libro de papel a la que el autor nos somete. Es una tecnología que permite una concentración mundial de los textos e igualmente una distribución centralizada, además a muy bajos costes con relación a la distribución actual caracterizada por una logística físicamente muy voluminosa, pesada, distante y descentralizada (múltiples puntos de almacenamiento y de venta). Y que la tendencia de todos los sectores económicos es hacia la oligopolización mundial (Monsanto, por ejemplo, controla el 90% de los transgénicos).Alguien también, preocupado por la pequeñez de las viviendas, podría aducir que se terminaría con el agobio de los libros en la casa por todas partes. Pero dejemos algo a los defensores a ultranza del libro digital.¿Van a llevar razón y la profecía es más que autocumplidora? Umberto Eco ya ha salido al paso y ha hecho una cerrada defensa del papel, con su libro “No esperéis libraros de los libros”. Aduce varios argumentos que sirven para oponerse a los que hemos desarrollado más arriba:

- la duración, dice que es difícil mantener los soportes digitales por 500 ó 1.000 años tal como se puede con los de papel. Es más, vemos cómo las tecnologías de almacenamiento son efímeras y volátiles.
- la coexistencia, dice que muchas formas y tecnologías no se han perdido con las novedades, por ejemplo la radio y el teatro con la aparición de la televisión y el cine. (Diríamos nosotros que las puertas automáticas no han hecho inútil la bisagra)
- la personificación, dice que en un libro o en una obra de teatro sabemos quién es el autor o la tendencia pero que en Internet (no olvidemos que los e-books son hipertextualizables) “se presta una especie de mermelada comunicativa en la que todos hablan igual como sucedió con las emisoras de radio hace unos años”.Entendemos que, además de los argumentos de Eco, hay unos puntos centrales en los que hay que seguir indagando y que contradicen el futuro imperio de lo digital. Son los siguientes:

1º El carácter físico del libro de papel. Su formato diverso, su sensualidad, la emoción de verlo en la estantería, su carácter simbólico invocando quinientos años de cultura y creación, su palpabilidad, su autonomía, su sinestesia, su funcionalidad, su duración, su belleza en suma, lo hacen insustituible.

2º Ecológicamente los libros de papel se basan en materiales renovables, por lo que el problema no es de agotamiento sino de insostenibilidad. Es decir, hay que corregir la producción de papel a la baja y hay que reciclar. Los ordenadores, los e-books, sin embargo, utilizan constantemente energía y materiales no renovables y lo hacen en cantidades apreciables. Por ejemplo, los chips de un ordenador Pentium requieren 11,4 m3 de agua, 12 kg de productos químicos y 120 m3 de oxígeno, generándose como residuos 14 m3 de agua, 4 kg de residuos peligrosos (incluidos residuos radiactivos) y 0,82 m3 de gases nocivos. Pero un ordenador personal utiliza más de 700 sustancias diferentes que suman entre 16 y 19 toneladas materiales, esto es varias miles de veces el peso del ordenador, o sea que sólo el 0,1% de los materiales que se utilizan en la fabricación llegan a formar parte del propio ordenador (Carpintero, 2005: 94). En cuanto a energía la fabricación de un ordenador es de cuatro veces la de un televisor en color, siendo especialmente consuntiva la fase de transportar desde largas distancias los materiales que intervienen en el proceso productivo. En cuanto a la energía de funcionamiento, en EEUU, los aparatos de Internet, ordenadores y otros equipos de oficina suponen el 2% del total de electricidad consumida en aquel país.

3º El Sindicato de la Librería Francesa ha propuesto que la librería podría aprovechar plenamente todas las oportunidades digitales y que libreros y editores podrían desempeñar todavía mejor su papel de mediadores. Efectivamente, si hacemos caso a Puche (2004: 146), quedan por hacer todas estas tareas a los libreros en sus establecimientos, cualquiera que sea el soporte:

1.- La función informadora. Se trata de tener todas las bases de datos necesarias, o su acceso no-line.

2.- La función recomendadora. Se trata de transmitir el saber conspicuo y creíble sobre los contenidos de los libros, que se aprende con el amor y la experiencia.

3.- La función de encuentro. La librería palpable será siempre un lugar de reunión de gentes y de cruce esporádico de personas.

4.- La función cultural. Se trata de tener una postura activa en la difusión de la cultura y el pensamiento.

5.- La función civilizatoria. En los tiempos que corren hay que fomentar los valores de no violencia, solidaridad, sabiduría y frugalidad.

6.- La función de resistencia. Los huecos están ahí, pero es necesario ocuparlos.

7.- La función endógena. La empresa cultural librera debe incardinarse en su medio social.

8.- La función de etnodiversidad. Hay que fomentar las lenguas y culturas locales y mantener libros de fondo.

9.- La función de servicio polivalente. La librería palpable tiene en su mano proporcionar todos los servicios, incluidos los virtuales.

10.- La función corporal. Propiciamos el poder tocarnos, en estos tiempos de virtualidad y rechazo.

11.-La función laboral. Tenemos los medios para dignificar el trabajo.

12.- La función empresarial. Podemos representar polos de fomento de la escala humana.

13.-La función poética. Podemos seguir repartiendo sueños.
4º La función del pequeño comercio en las ciudades. En efecto, una ciudad puede verse desde dos perspectivas: una que la contempla como un escenario meramente físico en el que la vida humana “tiene lugar”, que alguien ha llamado paradigma geométrico del urbanismo; y otra que la ve como un complejo de actividades humanas de una sociedad local, que entre otras, si bien de mucha importancia, realiza la de construir el escenario en que la propia vida activa humana se desarrolla, y que se ha denominado paradigma histórico del urbanismo. En el primer caso predomina la tecnocracia y en el segundo la ciudadanía. En el primer caso, dentro del escenario que le han creado, los seres humanos desarrollan ciertas formas de vida urbana, es “la vida en la ciudad”; en el segundo caso la ciudad es un sistema organizado de actividades humanas que crean las estructuras sociales y físicas que han de permitir su propio desarrollo y renovación, es “la ciudad como vida”.La ciudad como vida necesita, entre otras cosas, pequeños comercios que fomenten la convivencia y la vida comunitaria, que tengan personalidad propia, que fomentan el empleo (“hoy por cada empleo precario creado en la gran distribución, cinco empleos permanentes se destruyen en comercios de proximidad”, Ridoux, 2009: 30), que no sean no lugares como las grandes superficies, que favorecen proximidad y que pertenezcan a gentes del propio barrio.
5º. La tendencia al monopolio y el peligro de la libertad creadora y crítica.

El capitalismo, en su fase actual, a pesar de predicar el “libre” mercado tiene una tendencia irrestricta a la concentración del capital. Ya lo advirtió Adam Smith, padre de la economía liberal, que conocía como nadie la dinámica del beneficio. Advirtió, allá por 1785, en su obra clásica titulada “La Riqueza de las Naciones”, que el interés del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y reducir la competencia. La ampliación del mercado suele coincidir con el interés público, pero la reducción de la competencia siempre está en contra de dicho interés, y sólo sirve para que los comerciantes (…) impongan, en beneficio propio, una contribución absurda sobre el resto de los ciudadanos” Por eso, hoy, 500 multinacionales manejan el 25% de toda la producción mundial y el 50% del comercio, y en los sectores de medios de comunicación de masas “los medios globales comerciales están dominados por unos diez conglomerados verticalmente integrados, la mayoría de ellos establecidos en EEUU. Otras 30 ó 40 compañías suplementarias importantes rematan las posiciones significativas en dicho sistema” (Herman,1999: 107). Esta concentración general no lleva más que a multiplicar el desempleo. Por ejemplo, en Francia el paro ha crecido un 50% respecto a 1980 mientras el PIB se ha incrementado un 156% (Ridoux: 56) Las dos multinacionales que están apostando fuerte por el libro digital son Google y Amazon, ambas pretenden quedarse con la mayor parte del mercado o con todo. Este monopolio implicaría el control de la creación (con ese poder de venta, orientarían la creación y condenarían al ostracismo toda disidencia del sistema y toda crítica), bajo los supuestos de mantener el beneficio, o sea el orden establecido.6º. El deterioro cognitivo. Esta tecnología promueve nuevos hábitos de lectura. “Internet propicia la eficacia, la inmediatez y la masa informativa. La lectura es allí más fragmentada, segmentada y discontinua. Lo digital -hipertexto y multimedia- induce a la hiperatención que algunos psicólogos estadounidenses oponen a la atención profunda que necesita la lectura lineal sobre el papel. Asistiremos entonces a la liquidación de la facultad cognitiva reemplazada por la habilidad informacional… porque lo último que desean los empresarios de la red es alentar la lectura lenta, ociosa o concentrada. Su interés económico es alentar la distracción” (Biagini, www. Rebelión.org, consultada el 24.10.2009) Por eso, de los trabajos realizados por pedagogos noruegos se ha deducido que los escolares que estudian sobre soportes digitales tienen menos capacidad de comprensión que los que lo hacen sobre libros de papel, precisamente por el carácter disperso que facilita el manejo digital de los textos. Esto se explica bien con los trabajos psicológicos realizados sobre atención y esfuerzo en los que se puede concluir que “algunos tipos de actividades de procesamiento de información pueden ponerse en marcha partiendo sólo de un imput de información. Otras requieren un imput adicional de atención o esfuerzo. Dado que la cantidad total de esfuerzo que se puede ejercer en un momento dado es limitada, las actividades concurrentes que requieren atención tienden a interferirse entre sí (Kahneman, 1997: 45)Como dice el famoso neurólogo Damasio (2001: 234) “ya hace cierto tiempo que los seres humanos se encuentran en una nueva fase de la evolución, una fase pensante, en que la mente y su cerebro pueden ser a la vez esclavos y dueños de sus cuerpos y de las sociedades que constituyen”

A modo de conclusión: A la fuerza de lo digital se opone la potencia del libro de papel, por lo que si sabe defenderse coexistirá con holgura digamos que en, al menos, un 50% de su territorio actual. En este asunto como en ningún otro se impone el excepcionalismo cultural y, por tanto, una intervención pública decidida proteccionista en pro del libro de papel. Igualmente la librería como lugar de encuentro y de afectos podrá seguir defendiendo su presencia en la ciudad, y si además logra entrar en la administración de los libros digitales, poniendo en todos ellos las funciones que les son propias, seguirá consolidada. Como dice Wilson (1999:393) "nos estamos ahogando en información, mientras que nos morimos por falta de sabiduría. En lo venidero el mundo estará gobernado por sintetizadores, personas capaces de reunir la información adecuada en el momento adecuado, pensar de forma crítica sobre ella y realizar de manera sabia importantes elecciones ”Por ello, con el visitado Biagini podemos concluir que para Secta de Gutenberg “el libro de papel en su linealidad y su finitud, en su materialidad y su presencia constituye un espacio silencioso que hace fracasar el culto a la velocidad y la pérdida de sentido crítico. Es un punto de anclaje, un objeto de inscripción para un pensamiento coherente y articulado, fuera de la red de flujos incesantes de información y solicitud: sigue siendo uno de los últimos lugares de resistencia”.Tal como se pueden poner las cosas, el libro de papel se perfila como una condición necesaria para la democracia.


Bibliografía Carpintero, O. (2005), El metabolismo de la economía español. Recurso naturales y huella ecológica (1955-2000), Fundación César Manrique. Damasio, A. (2001), El error de Descartes, Crítica. Herman, E. y Mcchesney, R. (1999), Los medios globales. Los nuevos misioneros del capitalismo corporativo, Cátedra. Kahneman, D.(1997), Atención y esfuerzo, Biblioteca Nueva. Puche,P. ( 2004), un librero en apuros. Memorial de afanes y quebrantos, Ed. del Genal. Ridoux, N. (2009), menos es más. Introducción a la filosofía del decrecimiento, Libros del lince. Wilson, E.O. (1999), Consilience. La unidad del conocimiento. Galaxia de Gutenberg.

1 comentario:

Marian dijo...

Menudo tostón de artículo no es por nada, aunque estoy de acuerdo con la conclusión.

Me resulta divertido que precisamente sea Eco quien haga una cerrada defensa del papel cuando dijo: "Si todos los chinos quisieran limpiarse el culo con papel de baño, no habría bosques suficientes en la Tierra para fabricarlo."

Pero en fin no creo que quepa alarmarse, el libro no va a desaparecer en su versión de papel, po la sencilla razón de que no todo el mundo está dispuesto a calcinarse las pestañas leyendo en pantalla (uhm...seguro que los oftalmólogos tienen acciones en Amazon).

Para ser exacta creo que se va a producir una purga de porquería impresa, en ocasiones ofende el gusto ver según qué bazofias impresas en el sacrosanto papel. Miríadas de manuales de sandeces, de autoayudas para encontrarse el ombligo con un plano y una linterna y en fin cualquier cosa que a cualquier fulano se le pase por la cabeza en un momento de momento Kellogs mental parece ser susceptible de ser imprimido, encuadernado y editado.
Así pues me parece muy bien que se aplique la eugenesia literaria.

Los libros de texto y de consulta serán digitales que bien está, para qué gastar tiempo y espacio.
Las pizzas y demás comida rápida en forma tipográfica también, lo cual se agradece y cuando una vaya a la librería no tendrá que rebuscar entre la basura para encontrar algo decente (yo personalmente ya me voy directa a los clásicos para ahorrarme el disgustillo).

Y en fin los buenos libros, los manjares de degustación seguirán incólumes, con lo cual las librerías quizás volverán a ser un poco lo que deberían ser, lugares de difusión de cultura y no de la chuminada.

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