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domingo, 1 de marzo de 2009

El Caso Odyssey: España y sus galeones

España, tierra de tesoros

El 'caso Odyssey' ha desenterrado una realidad preocupante: muchos galeones cargados de plata y oro yacen en el Mediterráneo sin protección

TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO

El patrimonio subacuático está muy descuidado en España.

«No soy un pirata, sino un corsario»

ESTAMOS en 1998, cerca del Peñón de Gibraltar, en la cubierta de un barco de cazatesoros zarandeado por las olas, entre el mar y el océano. El 'Halcón de los mares' ('The sea hawk', como aquella película de Errol Flynn) anda en busca del 'HMS Sussex', un galeón británico hundido el 19 de febrero de 1694 con un importante botín en sus tripas. El velero es una sombra en estas aguas oscuras y agitadas. Pasan dos años y los codiciosos regresan en un buque alquilado en Francia, el 'Minibex'.
«Estuvo atracado en 2000 y 2001 en Sotogrande», recuerda Lorenzo Sarmiento, abogado maritimista, periodista, escritor, un imán tenaz tras los cazatesoros de la Odyssey durante estos últimos años.Vuelan las hojas del almanaque. Estamos en 2001, y la Odyssey Marine Exploration obtiene un permiso del Gobierno español para hacer una prospección y localizar el 'Sussex'. Pero el 'Minibex' intenta ir más lejos de lo que el documento le autorizaba, y el Gobierno, que había recibido más de una crítica por aquella visa, dice basta.
La Guardia Civil les expulsa de la zona en 2002. Entre 2000 y 2006, toma el 'Ocean Boomer', y los mismos «barqueros». Al cabo, este invierno, otras dos siluetas, la del 'Odyssey Explorer' y la del 'Ocean Alert'.Dos acuerdos hilvanan, que no cosen, la operación. El primero, entre la Odyssey y la Armada británica para buscar el 'Sussex'; el segundo, una nota verbal (comunicación por escrito, valga el contrasentido, típica del ministerio de Asuntos Exteriores) en la que se autorizaba a «prospeccionar, identificar sin remover arena, siempre con la presencia de arqueólogos de la Junta».La nota verbal resulta un procedimiento «sorprendente» en este caso, porque las competencias arqueológicas las tienen las autonomías. Al parecer, el ROV Hércules, ese robot tan grande como una habitación, removió -sin ningún arqueólogo a bordo- y halló, y no precisamente el 'Sussex'.
El cargamento fotografiado tras su viaje a Estados Unidos tenía el aspecto de una esquina de la cueva de Alí Babá: diecisiete millones de toneladas de oro y plata valoradas en quinientos millones de dólares, quizá sacadas de algún lugar entre Estepona, Gibraltar y Sotogrande, según delata el satélite Aislive escrutado por Sarmiento; en aguas internacionales, según Odyssey.
Estamos cerca de la ciudad romana de Ampurias, en el 'Thetis', el barco desde el que se lanza al agua tres horas cada día Xavier Nieto, director del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña. «Como arqueólogo me sorprende mucho que el ministerio dé una autorización así», afirma. Aunque, tras pensarlo dos veces, surge un «sentido»: el tradicional abandono en el que malvive este territorio de nuestra cultura.
La seguridad llega tarde
«La arqueología subacuática española llega muy tarde -explica-: los países del Mediterráneo empezaron en los años 50; nosotros, en 1981 y ahora estamos peor que entonces. Se crearon cuatro centros, y ahí se les dejó, con una escasísima dotación humana y presupuestaria. Hay menos de una docena de arqueólogos profesionales que trabajen sobre ese inmenso patrimonio, no hay ninguna Universidad que les forme, salvo alguna asignatura cuatrimestral aislada, y existe un evidente problema legislativo.
La ley de 1985, que equiparaba la arqueología en tierra con la del mar, era muy poco realista».
Xavier Nieto dice que la costa andaluza es un lugar excepcional. «En Sevilla se instaló la Casa de Contratación de Indias (1503), y por allí pasaban todos los galeones que venían de América. En cuanto a Cádiz, la entrada a la bahía es muy peligrosa y eso provocaba muchos accidentes».
Gonzalo Millán del Pozo, escritor, curioso, director del Proyecto Poseidón -grupo que pretende proteger el patrimonio cultural subacuático- habla de más de ochocientos galeones hundidos con cargamentos que podrían superar los cien mil millones de euros.
Claudio Bonifacio, cazatesoros, opina que bajo nuestras costas podría haber 800 toneladas de oro y 12.000 de plata, amén de otros tesoros.
¿Negocio o patrimonio?
Un botín inmenso, en cualquier caso. O un patrimonio histórico y cultural, según los ojos que lo miren. Estamos en el Centro Andaluz de Arqueología Subacuática (CAS), en Cádiz. Los ojos de Carmen García Rivera, la coordinadora, no son dos monedas: «Nuestra misión no es recuperar tesoros, sino investigar, proteger y conservar el patrimonio donde está». El CAS cumple este año su primera década, tiempo en el que han tratado de hacer una carta arqueológica rigurosa -por ahora, incluye unos ochenta yacimientos- como paso previo para su investigación.Carmen García Rivera cree que el desarrollo tecnológico debe servir para proteger los pecios y para luchar contra el expolio. Ninguno de estos dos fines se han cumplido en el 'caso Odyssey', si es que su hallazgo se ha producido en aguas españolas. Esta compañía fundada en 1986, que el día 18 duplicó su valor en Bolsa, parece seguir al novelista chileno Francisco Coloane: «Todo lo que se encuentra en el mar, sin dueño, es de uno» ('El camino de la ballena', 1962).
Llegó a los tribunales
Estamos en el despacho del presidente de la Asociación de Rescate de Galeones Españoles: «En España apenas existe la arqueología subacuática. En EE.UU. hay más de veinte empresas dedicadas a buscar pecios», dice. Una de ellas, la de Mel Fisher, quizá el cazatesoros más popular, halló el 'Nuestra Señora de Atocha', que se fue a pique en 1622. Fisher empezó la caza en 1970. Recuperó oro y plata, y algunas de aquellas monedas todavía se venden en su web por entre 1.500 y 3.000 dólares.
Otra empresa privada descubrió los restos del 'Juno', naufragado en 1802. El pleito en los tribunales de Estados Unidos se considera en la Administración española un serio y favorable precedente. El Tribunal Supremo de EE. UU. dictaminó que el pecio pertenecía a España, que nunca había abandonado sus derechos sobre este buque de guerra. En el mismo fallo, se obtuvo la custodia de 'La Galga', otro pecio reivindicado por buscadores de tesoros.
Un decreto firmado por Clinton avaló el nuevo estado de las cosas: cualquier buque de nuestra Armada, dondequiera que esté, pertenece a España.
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