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sábado, 3 de enero de 2009

El Arte perdido del papiro

Pocos turistas que visitan Egipto saben que el inevitable papiro que se llevarán bajo el brazo como recuerdo no es en realidad más que una hoja de plátano. El arte perdido de hacer papiros, el mismo que durante más de mil años se practicó en el Egipto faraónico, es hoy una reliquia que apenas se conserva en unos pocos lugares y que ha dado paso a infinidad de imitaciones y copias como las que se hacen con hojas de la platanera y se venden a granel a los turistas.
El arte perdido de hacer papiros, el mismo que durante más de mil años se practicó en el Egipto faraónico, es hoy una reliquia que apenas se conserva en unos pocos lugares y que ha dado paso a infinidad de imitaciones y copias como las que se hacen con hojas de la platanera y se venden a granel a los turistas.
Pero milenario como es, la historia moderna del papiro es muy joven. Hace sólo 31 años, el historiador egipcio Hasan Ragab decidió evocar a sus antepasados y recuperar el papiro como soporte de dibujo y escritura. La llegada de los árabes a Egipto, en el 641 d.C., supuso la introducción de los materiales sobre los que estaba escrito el Corán, como la piel de oveja y las hojas de palma, que rápidamente desplazaron al papiro. Pero Ragab, un personaje muy conocido en Egipto y fundador del parque temático "Villa Faraónica", se hizo en 1977 con una isla en medio del Nilo y cultivó en ella la planta del papiro, que hubo que traer de Sudán porque en Egipto ya había desaparecido. Con la ayuda de unas máquinas rudimentarias importadas desde Italia, Ragab logró reintroducir la fabricación del papiro auténtico, que, pese a todo, sigue sin encontrarse fácilmente en las calles y comercios de El Cairo.

Desde hace un cuarto de siglo, Mohamed Tawat trabaja en la factoría fundada por Ragab, en la que él llama "la última fábrica de papiro original del mundo". La fábrica no es más que un rústico barracón en el que apenas cinco personas en los días más laboriosos -en verano, cuando la planta del papiro alcanza su altura máxima- apilan las cañas que nacen a la ribera del Nilo, las cortan en tiras, las bañan en agua, las disponen horizontal y verticalmente y las aplastan para crear un papiro. Según Tawat, el papiro auténtico tiene unas características que lo hacen fácilmente reconocible, para que al turista no le cuelen una hoja de plátano pulida y tratada con químicos.

En los papiros, la realidad, como en la vida misma, poco tiene que ver con la perfección. La superficie es desigual, rugosa y presenta abundantes motas marrones y negras, propias de la planta. Por lo tanto, es mejor desconfiar si a uno le ofrecen papiros de apariencia inmaculada, lisos y de un color regular. Otra seña de identidad es el característico ajedrezado que forman las tiras del papiro al ser dispuestas de forma horizontal y vertical, recuerda Tawat, y que debería apreciarse a primera vista si el papiro es auténtico y no ha sido tratado con materiales químicos.

Según los propietarios de varias tiendas especializadas en papiro, el producto tiene un gran éxito entre los turistas en general, aunque son los japoneses quienes más devoción parecen mostrar por él. Pero lo cierto es que la gran mayoría de visitantes de Egipto no son puristas de la "papirología". Evidentemente, éstos tienen el consuelo de llevarse a casa un "souvenir" práctico, solvente y cuyo precio no tiene rival: regateando bien, no es difícil llevarse más de 10 supuestos "papiros" por tan sólo un euro. A cambio, habrán renunciado a llevarse a casa la planta sagrada del Antiguo Egipto, el vegetal que utilizaron los siervos de los faraones para elaborar perfumes, aceites, sandalias y colchones, además de papel. Y por si acaso, cuando el hambre apretaba y la cosecha había sido mala, su raíz era un nutritivo alimento.
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