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jueves, 25 de diciembre de 2008

¡Se armó el Belén!

Dicen que de todas las manifestaciones navideñas, “el Belén” es la más genuinamente española... Algo debe ser cierto en tal aserto, porque en el mismo se refleja bastante nuestra idiosincrasia algo anárquica y desorganizada a la par que improvisada...

Empezamos porque hemos convertido el pueblo palestino de Belén, en una encrucijada no ya cultural sino metereológica... En él conviven picos nevados, con riachuelos de plata, dromedarios/camellos, fauna doméstica mediterránea con cerdos incluidos, claro que en aquella época no existía la prohibición de comer su carne, pastores con indumentaria invernal, junto a otros más arriesgados y en ropa estival que lavan la ropa en las riveras en las que tiran la caña pescadores... Pozos por doquier, gavillas nevadas... Patos de estanque luchando contra la corriente del río... Una cola de ofrendas que nos hace sospechar que si la Virgen María y San José no han sido previsores, van a tener que alquilar los servicios de un matarife, y frigorífico industrial del hiper más cercano para tanta oveja, o bien hacer el padre pluriempleo de carpintero y pastor a horas convenidas...

Edicifios de corcho o plástico que representan casas/masías catalanas junto a un papel impreso en el que aparece el sempiterno palacio de Herodes en un ambiente catalano/oriental... La escenografía parece producto de un cruce de Jordi Pujol y Sherezade la de las mil y una noches.. Y encima, le podemos añadir algún “caganer” para acabarlo de adobar... Amigo de la infancia tuve, que aprovechaba para colocar en su Belén unas centurias romanas escoltando la zona ocupada... Y aunque reconozco su cierto rigor histórico, los miles gloriosus no parecían saber muy bien qué dirección tomar o a que pastor sospechoso de sedición contra el Imperio cachear...

En relación a las escalas para qué decir nada... Las películas de ciencia ficción de los cincuenta hubieran tenido terreno abonado para sus fantasías... Borregos y cerdos más grandes que sus atribulados granjeros, un niño Jesús tres veces más grande que la Virgen María... Burro y buey del tamaño de dinosaurios, pastores que parecen cíclopes cargados de esteroides junto a unos Reyes Magos algo acahaparrados y como asustados de la estrella del cometa Halley que unas veces parece un cohete de feria y otras el anuncio inminente de la extinción de la humanidad... El ángel anunciador, enorme, gigantesco, descomunal, que siempre precisa de refuerzos y sostén para poder seguir en el tejado sin hundirlo, de lo que a veces es un establo y otras una especie de caseta de veraneo paupérrima, llamado piadosamente “nacimiento”... Eso sí, hecha casi siempre de corcho pues los alcornoques son abundantes en Palestina como todos sabemos...

En fin... lo dicho: una muestra de nuestro espíritu español y ciertamente desorganizado...

Aprovecharemos para recordar a todos los que montan un Belén cada año, que actualmente allí siguen naciendo niños palestinos en una ciudad ocupada, aunque ahora no por los romanos...

Os dejo estas páginas para que veáis cómo es Belén actualmente...










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