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martes, 1 de julio de 2008

Defensa del bibliópata

El bibliófilo es un bebe-sin sed, hace incursiones en el mundo del libro antiguo como lo haría con un pecado pequeño: por probar, de pasada, mirando alrededor por si alguien lo nota y para que alguien lo note... quizás es por ello por lo que casi siempre va en cuadrilla y hace sus comentarios eruditos en un tono de voz sospechosamente alto. No está dispuesto a pagar ni una décima parte de lo que un libro realmente vale y regatea con una cara de asco que no engaña a nadie. Como un Don Juan mediocre, sólo está predispuesto a libar las mieles más insípidas y más fáciles, a condición de que en ello no vaya a encontrar el más mínimo sufrimiento, ni la más pequeña dificultad.
Esta intuición se convirtió para mí en una revelación incontrovertible el día que, no hace mucho, recibí por correo ordinario una soberbia edición facsímil de tres publicaciones aparecidas en el siglo XVIII sobre el viejo problema de la cuadratura del círculo. Ni una nota, ni una carta personal de quien me lo enviaba y por qué. Tan sólo una justificación de la tirada (77 ejemplares nominales y numerados según dos listas confeccionadas por los editores y una tercera lista -privada- de los que nunca recibirán este ejemplar. Unos cuantos ejemplares más correspondientes a las letras del abecedario en previsión de cataclismos y contricciones) y un pie de imprenta enigmático y mudo que solo incluía un nombre “El Bibliópata” y el ámbito de la realidad que habían decidido ocupar “Editora anónima de libros raros, marginados, curiosos y psicalípticos”.
Una llamada telefónica días más tarde, en la que mi interlocutor no se identificó, pretendía, tan sólo, confirmar que, efectivamente, lo había recibido.

Había encontrado el Nombre (las cosas, repito, no existen hasta que no se las nombra) y gracias a él lo había entendido todo. Phatos: enfermedad, pero también pasión. Acción de padecer tormentos, penas u otras cosas sensibles y aún la muerte. Inclinación desordenada y exclusiva de nuestra sensibilidad hacia un objeto que nos afecta y, en cierto modo, subyuga. El carácter emocional del sentimiento y de la sensación sirve para que el individuo participe y colabore en la relación con los demás seres a la obra común, apropiándose dichas relaciones y contribuyendo al orden universal mediante la ley de la atracción en el mundo natural y la del amor...

Lo había entendido, como la vez que estuve con la primera mujer y supe por qué los hombres tenían miedo a la muerte. El amor por los libros es una pasión fuerte, reconcentrada y excluyente, capaz de producir el placer más intenso y el más intenso dolor (si usted quiere saber lo que es el dolor, repito, está en el sitio adecuado). Un alcaloide venenoso capaz de hacer palidecer las drogas más fuertes y las más bellas damas. La vida cambia y sólo queda jugar el Juego.

Jugar el Juego, el Juego multiforme y letal: las búsquedas obstinadas y perseverantes, las incesantes compras y adquisiciones, las pesquisas constantes e indesmayables. El estar perpetuamente insatisfecho, pues el momentáneo disfrute de una nueva adquisición largamente anhelada acompaña el deseo irreprimible y voraz (como un Prometeo al que se le devora eternamente un hígado que, eternamente, crece) de empezar a jugar el Juego de nuevo.

El Juego es multiforme (ya lo he dicho) y puede ser la sed insaciable de coleccionar el mismo libro o buscar el libro imposible o inexistente, de atesorar los frutos de un mismo editor o todos los libros en treintaidosavo, o los intonsos, o las vitelas, o los que tiene dedicatorias autógrafas, o los que hablan del Santo Graal.


Bienvenido al Juego, por que va a arrepentirse muy pronto...

(Artículo "apócrifo" publicado en Hibris revista de bibliofília de mi amigo Pepe Grau)

http://www.bibliofilia.com/Html/curso/bibliopata.htm

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