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domingo, 1 de junio de 2008

COSAS QUE NUNCA QUEDARON CLARAS...










Dicen que nuestra personalidad se ve influida por las experiencias juveniles e infantiles. Pues bien, hay cosas de nuestras lecturas y de los dibujos animados de esa etapa de la vida, que nunca quedaron claras, relatos llenos de incongruencias, paradojas, maniqueísmos, contradicciones y controversias. Me refiero a los “antiguos” claro, no a esas estupideces japonesas estereotipadas, absurdas y gratuitamente violentas que, desde Heidi, no han cambiado de ojos. Recordemos algunos:

El pato Donald, permanecía soltero, aunque tenía una novia eterna: Daisy, así pues... ¿de quién eran hijos Jorgito, Jaimito y Juanito?, los tres patitos que siempre aparecían haciendo gamberradas. ¿Eran acaso hijos no reconocidos de ambos? Se me objetará que eran sus “sobrinos”, y que llamaban “tío” al pato Donald, sí, es cierto, pero... ¿dónde estaban sus padres?, ¿por qué nunca aparecieron en ningún capítulo?...

Y hablando de extrañas maternidades, el fuerte y comedor de acelgas, perdón espinacas, Popeye, tenía una novia anoréxica llamada Olivia, que tenía a su vez un hijo: Cocoliso… ¿era madre soltera?, ¿quizás un hijo de Brutus en uno de los largos viajes de Popeye, y de ahí su enemistad…? ¡¡nunca se aclaró!!

Otra pregunta, Mickey, era un ratón ¿ verdad?, pues bien, su amigo Goofy, era un perro ¿no?, pues entones, si ya es extraña la amistad entre un ratón (de considerable tamaño) y un perro, ¿qué narices era su inseparable Pluto...? Era un perro me responderéis, entonces la pregunta es otra:
¿ cómo un perro (Goofy) podía ser amigo de un ratón (Mickey), y tener a otro perro (Pluto) como mascota?, ¿ Acaso era un perro en un estadio inferior evolutivo que el antropomorfizado Goofy?, ¿ Era, acaso, un perro alienado...?

Ahora comparemos la cabeza vacía del Correcaminos (¡ mec mec !), estúpido pajaruelo cuya única virtud era correr sin parar y sin dirección fija; con el Coyote, que ponía en marcha los más complicados e imaginativos planes, para poder comer “Correcaminos a la cazuela”, siendo el Coyote, además, un ciudadano que consumía productos “ACME”, colaborando así, al engrandecimiento de la industria americana. Vamos, seamos sinceros, confesémoslo, ¿cuántas veces hemos deseado que, de una vez, se lo merendara? Vayan todas mis simpatías para aquel esforzado Coyote, al igual que vaya mi solidaridad para Silvestre, el gato que arriesgaba siempre alguna de sus preciadas 7 vidas, para poder zamparse a aquel pájaro cabezón e insoportable, de voz horrísona, que sólo sabía decir “me parece haber visto a un lindo gatito”. ¡Maldito pollo cabezón, que seguramente no habría servido ni para una miserable sopa! Silvestre, estamos contigo, que los hados te sean propicios.

Por no hablar de aquella loca carrera de “cacharros majaretas”, en las que Pierre Nodoyuna y Malaspulgas, su perro gruñón, no ganaron jamás, ni una sola vez, a pesar de sus muchas tretas y artes, y de todo el empeño y la continuidad, “inasequible al desaliento”, que pusieron en ello. Siempre vencían la repelente Penélope Glamour y el afeminado guaperas musculoso, del que no recuerdo ni el nombre.

También me interesaban mucho las desdichas de aquel mofeta besucón, romántico y francés, que siempre se pintaba la raya blanca del lomo que lo denotaba como tal (cual un Michael Jackson cualquiera), para poder beneficiarse alguna linda ardillita, que siempre le daba esquinazo. ¡Romántico incomprendido !

Pero no sólo las producciones de Disney, la Warner o Hanna Barbera (que siempre creímos que era una señora, y resulta que eran dos personas diferentes, y además hombres¡¡), son ejemplos de maniqueísmos e incongruencias, que causan perplejidad ante un análisis racional, repasemos los cuentos tradicionales. Pensemos en Ricitos de Oro, acostándose consecutivamente en las camas de Papa oso, Mama osa y el osito llorón, y no encontrándose a gusto en ninguna... cama (ejem, ejem). Pensemos lo que debió ser la vida de la virginal y bastante boba, Blancanieves (hasta el nombre es cursi), habitando en la soledad del profundo bosque, rodeada de 7 rudos enanitos que, cuando volvían de las arduas labores del campo, se encontraban en casa a semejante belleza, que al final les abandonó por un Príncipe Azul cualquiera (como no podía ser de otra manera).

¿Y de Caperucita Roja, (encarnada en época de Franco) qué me decís?, se habrá visto cuento menos ecologista que este, ¿Nadie se compadece del pobre Lobo, que se ve obligado a merendarse a Caperucita y a su abuela...? ¿Nadie pensó en el pobre animal expulsado, por la presión humana, de sus parajes de caza naturales...?

En los tebeos encontramos, también, extrañas circunstancias. Veamos sino la aburrida vida sexual de Tintín, que a lo largo de 21 títulos no le sale ni una novia, ni va a trabajar un sólo día (¿ocioso, burgués y misógino, quizás?), o la extraña convivencia en una misma casa (pisito de solteros llamada eufemísticamente “Agencia de Información”) de Mortadelo y Filemón del genial Ibáñez.



Aunque a mi, el personaje que siempre me fascinó, fue el monstruo de Tasmania, todo torbellino, gruñón de discurso farfullante, y comportamiento irracional. Una especie de ácrata con tintes fascistas, que aparecía en todas las historias dando vueltas, haciendo ruidos extraños y escapándose del Zoológico de turno, en el que le querían enjaular.

¡Todo un símbolo de la liberación animal!

Y es que lo confieso, pasé muchas horas delante de la televisión, y siempre me gustaron los “malos”, son más inteligentes, aportan más a los relatos, son más audaces e imaginativos. Aportan algo a la Civilización Occidental.

Creo llegado el momento de pedir para estos “malos” un premio a la constancia, por lo menos. Sean estas líneas un homenaje sincero a todos ellos, seres incomprendidos como el Coyote, como Silvestre, como el Capitán Garfio, como la Madrastra, como mi ex-suegra, como Pierre Nodoyuna, como el Lobo Feroz... todos ellos personajes con aristas, interesantes, complicados y no como sus compañeros de reparto, que son planos, previsibles, aburridos, de una estulticia absoluta, ¡ Puaaaj!.

Eduardo Connolly

1 comentario:

Anónimo dijo...

Entrañable tu entrada en esa nueva andadura.
Será interesante ver la acogida a esta clara apuesta por el cómic. Aunque adivino ha de tratarse más de actitud que de edad, no te faltarán visitantes.
Cariños

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