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lunes, 3 de julio de 2006

Mallorca y sus libros de texto

Cuando empieza un curso escolar, gran parte del desembolso inicial se va en libros, como saben bien casi todos los padres con hijos en edad escolar. Lo que ya no conoce tanta gente, es que Mallorca tenía una producción propia de libros de texto no ya importante sino muy importante, sobre todo en textos de educación primaria.


Educación y libros de texto

La “racionalización” del sistema de enseñanza es algo relativamente nuevo, hasta bien entrado el S. XIX la educación estaba en manos de ayuntamientos, parroquias o incluso particulares que establecían centros de enseñanza, las más de las veces, precarios, sin personal docente adecuado y sin materiales pedagógicos modernos. Hasta que el estado no interviene y organiza el sistema de enseñanza, ya en el siglo XIX, reina un cierto caos, y los libros de texto y editoriales dedicadas a ello, o no existen o son iniciativa de particulares. Por supuesto las primeras obras educativas que se catalogan son religiosas, catecismos y similares.

Gracias al estudio sobre ”La producción de obras escolares en Baleares” que escribieron el catedrático de la UIB Bernat Sureda García, Jordi Vallespir Soler, y Elies Alles Pons en 1992, podemos datar los primeros manuales de enseñanza aparecidos e impresos en nuestra isla desde 1775.

Sin embargo, los mayores niveles de edición no se darán hasta finales del siglo XIX y hasta los inicios de la guerra civil en que se produce una brusca caída. Estos niveles máximos, nos señalan los autores, coinciden con el período en el que se produce en las Islas Baleares un significativo movimiento renovador entre el magisterio primario y la aparición de una serie de autores que ligados a él, se muestran especialmente activos en el campo de la publicación de obras escolares.

Los pioneros del Siglo XX

Los primeros autores de obras de texto en nuestras islas provienen del campo docente, maestros, inspectores de enseñanza, profesores, etc. El primero que deberemos señalar es un maestro, Don Miguel Porcel Riera, el de los famosos “Grados” tan buscados hoy por los nostálgicos en las librerías de viejo. Desde principios del siglo XX, años veinte concretamente, publica una colección de manuales de enseñanza elemental por el método cíclico, creando una editorial propia que funcionó hasta los años cuarenta. Miguel Porcel Riera publicó de algunos de sus libros cientos de miles de ejemplares, llegando a venderse “Los Porcel” en la península, en países de América del Sur, con ediciones especiales para Argentina o Cuba y, sorpréndase el lector, hasta en lengua catalana para las escuelas del principado durante la Segunda República Española. Por cierto, ejemplar este último muy buscado por coleccionistas.


Citaremos también a Llorenç M. Duran Coli, maestro como el anterior. Su padre, Miguel Durán, había creado en Inca una pequeña imprenta, amigo del Inspector de enseñanza Don Juan Capó Valls de Padrinas, surge, como producto de esta amistad, Mallorca Editorial, que en 1918 publica “Flors de Mallorca. Antología de poetes mallorquins”, una antología que proporcionaba a los niños un primer contacto con los poetas de la tierra. Duran hijo, estudiará magisterio por influencia de Don Juan Capó. Su carrera de maestro no duró mucho, pues fue depurado del magisterio nacional en la guerra civil, y al quedarse sin trabajo se dedicó a reorganizar el negocio editorial familiar, editando a partir de 1941 un buen número de obras escolares, propias y ajenas. La más famosa de estas, y que los lectores entrados en años recordarán, será el “Ingreso de Durán”.

Otro de los precursores en la edición pedagógica es Don Andreu Ferrer Ginard, que a principios de los veinte creó una pequeña imprenta en Artà, y que en 1929 se traslada a Palma creando en esta ciudad la Imprenta Politécnica que sigue en funcionamiento y ha publicado numerosas obras escolares.

En este apretado, y forzosamente incompleto, repaso de autores y editoriales, no podemos dejar de mencionar la librería Fondevila y Alomar, que aún existe, y que será de las pioneras en la edición y distribución de libros de texto en pleno siglo XX. Siendo durante muchos años el mayor centro de venta de libros escolares. Otra editorial que no podemos dejar de mencionar es la Editorial Moll, una de las más importantes de las islas, que editó, entre otros muchos, numerosos libros para la enseñanza de idiomas, constituyendo uno de sus éxitos de ventas, en este campo, un manual para el aprendizaje del italiano que se distribuyó por cientos y miles durante nuestra guerra civil.

El idioma en los libros de texto

Este siempre controvertido tema de la lengua, también tuvo su reflejo en los libros de texto de producción local. Curiosamente desde la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País, se preocuparon por difundir la enseñanza del castellano y en castellano. A través del siglo XIX, y casi todo el XX la lengua considerada ”de progreso“ por las oligarquías locales era la castellana, así pues no es de extrañar, que en detrimento de la lengua mallorquina, los libros de texto estén escritos en su práctica totalidad en castellano, a pesar de las iniciativas en contrario que llevó a cabo la Associació per la Cultura de Mallorca (1923-1936) que intentó la publicación de alguna obra de texto en catalán. Curiosamente en Baleares durante la Segunda República y a pesar de la permisividad de la misma, se publicó poco en catalán, pues no existieron escuelas que enseñaran en este idioma. Por supuesto con la llegada del franquismo la lengua oficial y única fue la castellana impidiéndose la enseñanza en vernáculo, justo lo contrario de nuestros días en que la lengua “desplazada” del sistema de enseñanza local y sus textos es la castellana.

La Iglesia Mallorquina publicó durante años un catecismo diocesano exclusivamente en mallorquín desde 1576. En 1864 el Obispo Miguel Salvá publicó una edición bilingüe del catecismo que siguió publicándose hasta 1931 (proclamación de la II República y prohibición de la enseñanza religiosa). En la guerra civil y a pesar de la prohibición de editar en lengua distinta al castellano, el obispo Miralles Sbert siguió publicando la obra hasta 1947.

El “Mallorquín” de los Porcel


Hay que señalar una pequeña confusión que todavía hoy permanece entre los defensores a ultranza de la modalidad mallorquina, esta es que arguyen como prueba de una supuesta supervivencia de la enseñanza del mallorquín “primigenio”, no “normativizado”, los vocabularios que aparecían en obras como las de Porcel, que no eran otra cosa que correlaciones de palabras escritas en “mallorquín” y su correspondencia castellana. Pues bien, si lo pensamos, el problema de los docentes de la época no era el que sus alumnos tuviesen que aprender el mallorquín al llegar a clase, ese idioma ya lo dominaban, al menos oralmente, el problema es que en muchos casos desconocían el castellano. Así pues Porcel y otros autores se esfuerzan por enseñar el castellano a base de las correspondencias mallorquinas, de ahí el incluir vocabularios básicos mallorquín-castellano para que los alumnos pudieran tener unos rudimentos en este idioma, pues la enseñanza se daba, oficialmente, en castellano. Los vocabularios en “mallorquín”están escritos, además, atendiendo a criterios de reconocimiento fonético por el lector. Para más “INRI”, en la practica, esta lección era muy a menudo ignorada por los maestros.

La guerra civil y la producción local de libros

Durante la Guerra Civil se reflejó el adoctrinamiento político también en los libros de texto, el más famoso es el “Catecismo Anticomunista” del canónigo Andrés Coll publicado en 1936, o “Por España y para España deberes del niño buen español…” de 1937 y escrito por Pedro Vidal Torres, incluso el mismo Juan Capó y Valls de Padrinas, como tantos otros autores, publicó “Soy Flecha”, textos, todos ellos, que reflejaban claramente los nuevos aires imperantes.

Ocaso de la producción local

Con los años, y como muchas empresas de Mallorca, la competencia con macro empresas de la península hacían inviable la edición de obras de carácter local, los sectores económicos con el boom turístico cambiaron, y las iniciativas empresariales caminaron hacia otros derroteros. Si bien ya desde tiempo los libros producidos en las Baleares convivían con los publicados en la península, como los Dalmau Carles, Calleja, Paluzzie, Santiago Rodríguez, etc. o la inefable enciclopedia Álvarez, entre los años sesenta y setenta los libros de texto locales desparecieron paulatinamente del mercado, siendo verdaderos cantos del cisne la edición en 1961 de una magnífica enciclopedia escolar titulada “Estudio y Vida” cuyo autor Don Andrés Rotger Pizá llegó ya tarde a un mercado editorial tan competitivo, o en los años setenta una colección de “Letras Mallorquinas”, en castellano por cierto, del editor Luís Ripoll Arbós.

Eduardo CONNOLLY DE PERNAS
Maestro y Librero de Viejo

(Artículo publicado en el diario "Última Hora")






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